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Enrique “el ingrato”
Eduardo Enríquez

Ya don enrique bolaños está al final de su mandato y todavía hay gente que le sigue llamando “ingrato”.

La palabra suena fuerte, dura, desagradable, pero a don Enrique se la han endilgado desde el inicio de su mandato.

“Ingrato”, le gritaron los liberales arnoldistas desde los ya lejanos días del 2002 cuando el mandatario empezó a “desenhuaracar” las barbaridades que su predecesor —y desde los ojos de los arnoldistas— su benefactor, Arnoldo Alemán, hizo. Ahora es el turno de los sandinistas, en la voz del coordinador de la bancada de ese partido, Edwin Castro, quien el jueves lo llamó “ingrato” porque, según él, durante los primeros dos años de su gobierno “le dimos un respaldo muy importante”, dijo Castro.

Pero creo que los que tienen un concepto retorcido de la “gratitud” son ellos. En una democracia las cosas no deben verse como un mercado de favores, desgraciadamente ellos —arnoldistas y danielistas— o sea los pactistas, así lo ven, actúan de acuerdo a componendas, prebendas y favores.

Don Enrique, al ser electo Presidente, a los únicos que les debía gratitud era a los votantes que lo llevaron al poder, que como quedó claramente demostrado en esta última elección, no fue el voto de la “maquinaria roja”, “el tsunami rojo” el que lo hizo presidente, sino el voto antisandinista.

Paro aún así, una vez electo, Bolaños se debía a todos los nicaragüenses y no sólo a los que votaron por él. Esa es una realidad que a los nicaragüenses nos ha tocado aprender. A muchos nos molestaba oír en los 90 a doña Violeta decir que era “presidenta de todos los nicaragüenses”. Lo mismo le pasó a los arnoldistas, bajo cuya óptica, Bolaños no sólo debería agradecer, sino obedecer a Alemán, sino era un “ingrato”.

Y ahora resulta que los sandinistas lo consideran “ingrato” sólo porque les dijo la verdad, que no lo habían dejado gobernar. Es cierto que durante los primeros dos años apoyaron la gestión de Bolaños, pero ¿acaso no es esa la misión de un partido de oposición en una verdadera democracia?

La colaboración se acabó no sólo cuando Bolaños —cometiendo un error garrafal— cedió a las presiones norteamericanas de darle la espalda a Daniel Ortega, sino que ya existía para esa época un tensionamiento de las relaciones Bolaños - Ortega porque el presidente pretendía librar al Poder Judicial de las garras del danielismo y obviamente eso no lo iba a permitir don Daniel, y hasta ahí llegó el apoyo a Bolaños y la “oposición constructiva” de la que habló el presidente electo cuando llegó hace un par de semanas a Casa Presidencial.

¡Tronco de “oposición constructiva”! si por poco destituyen al señor.

Y no es que Bolaños esté libre de culpa en este tema de la “gratitud”, él parece ser demasiado agradecido con sus colaboradores (y que es un problema que también se debe resolver si vamos a avanzar como democracia) como la desastrosa gestión en el Ministerio de Transporte e Infraestructura de Pedro Solórzano, que el Presidente asumió como propia con toda la carga negativa.

De eso sí se le puede acusar, pero no de “ingrato” porque una democracia no es cosa de gratitud o ingratitud, es cosa de actuar de acuerdo a la ley y la institucionalidad.

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