Robert Gates, el candidato para próximo jefe del Pentágono, propuso bombardeos aéreos contra Nicaragua para atajar al comunismo en Centroamérica cuando era el “número dos” de la CIA en 1984, según documentos difundidos ayer por un grupo privado.
El grupo Archivos Nacionales de Seguridad publicó en su página web un memorando desclasificado enviado por Gates al director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), William Casey, en el que sugería los bombardeos para revertir lo que consideraba una ineficaz estrategia para lidiar con el progreso comunista en esa región.
Gates, designado por el presidente George W. Bush para sustituir al secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, quien renunció tras la derrota republicana legislativa en los comicios del pasado día 2, señaló en el documento que el Gobierno sandinista partidario de Cuba y de la desaparecida Unión Soviética era un peligro para EE.UU.
En el memorando secreto fechado el 14 de diciembre de 1984, el futuro titular del Pentágono —si es que el Senado aprueba su nombramiento—, manifestó que EE.UU. no podría justificar durante largo tiempo “los poco entusiastas” intentos por contener al Gobierno sandinista nicaragüense.
Asimismo, explicaba que los bombardeos aéreos serían destinados a destruir “considerables porciones de las instalaciones militares de Nicaragua”.
Los bombardeos, según el documento, debían centrarse en tanques y helicópteros.
Además, los ataques tenían también el propósito de desarticular a las autoridades sandinistas que encabezaba Daniel Ortega, electo de nuevo presidente en los comicios del pasado 5, afirma el memorando.
Gates manifestó a Casey que la Casa Blanca debería dejar claro que no se había contemplado la invasión de Nicaragua, pero que debía prevenir la entrega de equipo militar a la Administración de Ortega.
En diciembre de 1984, el entonces subdirector de la CIA y ahora nominado para el Pentágono, consideraba como “calamitosa” la situación política en Centroamérica.
En esa época, el Congreso había decidido poner un alto al apoyo estadounidense a la ya desaparecida “contra” —un grupo rebelde creado, financiado, equipado y apoyado por EE.UU.—, que intentaba derrocar por las armas a los sandinistas.
Para Gates, esa prohibición del Congreso daba a Ortega mano libre para establecer en su país “un permanente y bien armado aliado de la URSS y de Cuba”.
HACER CUALQUIER COSA
Según la visión del funcionario del espionaje estadounidense, la existencia en Centroamérica de un régimen marxista-leninista cercano a Moscú y La Habana era “inaceptable” para Estados Unidos.
Gates destacó que Washington debía hacer cualquier cosa que estuviera a su alcance para derrocar a ese gobierno centroamericano.
También recomendó que EE.UU. retirara su reconocimiento a Ortega y se lo diera a un gobierno nicaragüense en el exilio que debería contar con apoyo militar.
Asimismo, propuso sanciones económicas, “incluso una cuarentena” para forzar la derrota de los sandinistas.
Las recomendaciones de Gates jamás se llegaron a concretar, pero la Casa Blanca se las ingenió para sortear la prohibición del Congreso de seguir ayudando a la Contra.
El Gobierno del ya fallecido presidente estadounidense Ronald Reagan apoyó el suministro secreto de dinero a ese grupo rebelde antisandinista entregándole fondos de las ganancias obtenidas por la venta clandestina de armas a Irán.
Los demócratas han anunciado que en las audiencias para la confirmación del nombramiento de Gates, sacarán a relucir el escándalo conocido como “Irán-contras” que se hizo público dos años después de que envió a Casey su memorando sobre Nicaragua.
El vigésimo aniversario de este escándalo, que afectó los dos últimos años de la presidencia del segundo período (de cuatro años) de Reagan, se cumplirá el sábado.
La entidad de investigación Archivos de Seguridad Nacional también ha divulgado hoy centenares de miles de documentos desclasificados sobre este hecho, que se destapó el 25 de noviembre de 1986.