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Los Infiltrados
Arquímedes González
Dos perros calientes para el gángster de Boston
revista@laprensa.com.ni

Innecesariamente rápida al principio, aburrida y desastrosa al final. Así podría resumir esta película que nos presenta a Frank Costelo, un mafioso de Boston, Estados Unidos, que ha logrado infiltrar a una persona de confianza dentro de la policía para protegerlo y advertirle de las redadas para salir huyendo con su botín.

Del elenco, uno pudiera decir que asiste a una película candidata al Oscar con actores como Jack Nicholson, Leonardo Di Caprio, Matt Damon, Makk Wahlberg, Martin Sheen, Alec Baldwin y Vera Farmiga, pero no será el caso a menos que este año las producciones sean tan horribles como las del año pasado.

La mayoría de las actuaciones son buenas y no creo que haya quejas en este particular sino, en la concepción de una cinta que comienza demasiado abrumadora de imágenes, datos y diálogos sin darnos tiempo a relajarnos.

Después, le sigue una modorra en la que el director Martin Scorsese nos muestra partes cómicas, dramáticas, románticas, sentimentales y morales de los personajes involucrados en una maraña de relaciones en las que el único ganador resulta Costelo y su grupo de traficantes, golpeadores y rateros de cualquier cosa porque hurtan desde casas hasta tecnología.

Di Caprio encarna a Billy Costigan, un agente infiltrado, y Damon a Colin Sullivan un investigador, quien ya está maleado y se encarga de esparcir el virus de la mentira y la corrupción dentro de las filas policiales, burlando toda una cadena de investigadores que se encargan de mantener a raya a los gángsteres.

Al final, las vidas paralelas de estos dos personajes chocarán en un desenlace demasiado sangriento que rebaja el nivel de conspiración de la policía a simples matones sin sentido y machos con altos niveles de testosterona pero poco sentido común.

Dos cosas me llamaron la atención. El contenido de una carta enviada por Costigan a una siquiatra que convive con Sullivan y el destino de los microchips a hora podrían estar en manos de terroristas, que lo utilizarán para desarrollar misiles infalibles.

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