El presidente nicaragüense Enrique Bolaños, quien entregará el cargo a su archienemigo Daniel Ortega en enero, dijo ayer que se iba acongojado porque no pudo hacer más por su país por los contratiempos que le impuso el próximo presidente.
“No puedo menos que sentir congoja, pues pudimos haber avanzado mucho más en beneficio de los más necesitados”, dijo Bolaños en un discurso de despedida ante el Consejo Permanente, un órgano conformado por embajadores de la Organización de los Estados Americanos (OEA).
Bolaños, quien habló en una sesión extraordinaria convocada para escucharlo, no mencionó sin embargo a Ortega por su nombre en ningún momento.
“A las normales dificultades y obstáculos encontrados, se sumaron otras artificialmente provocadas para acentuar los problemas y dificultar el necesario buen gobierno, que un país como el nuestro reclama”, afirmó.
Ortega se alió a su vez con su adversario político, el ex presidente Arnoldo Alemán, en un pacto que les permitió controlar prácticamente todas las instituciones del país y socavó la estabilidad en el cargo del propio Bolaños con reformas constitucionales.
En un intento desesperado para no perder la presidencia, Bolaños apeló a la OEA en busca de ayuda internacional y el consejo envió misiones especiales que finalmente pudieron llegar a un entendimiento con Ortega y Alemán para postergar hasta enero próximo la entrada en vigencia de las reformas.
“Nicaragua agradece habernos ayudado a la construcción de una democracia más cercana a la satisfacción de las necesidades de los más necesitados”, dijo Bolaños.
Como parte de ese agradecimiento, Bolaños dio al secretario general de la OEA José Miguel Insulza una condecoración especial.