Pólvora
¿Podemos vivir sin pólvora? ¡Claro que podemos! Considerando los daños que provoca, ¿no sería mejor que se prohibiera de una sola vez la venta de pólvora? Algo está mal en esta sociedad cuando en función de un rato de alegría o por mantener algunos puestos de trabajo se tienen que morir tantas personas y quemarse otras muchas. La mayoría niños. Posiblemente no se tenga que llegar a prohibirla, pero fabricar, vender y consumir pólvora debería estar tan regulado como lo está el comercio de armas de fuego o el de drogas. Ojalá tengamos la sensatez suficiente para que en algún momento dejemos de pasar el tradicional reporte de quemados por pólvora de diciembre o de agosto, como si fuera algo inevitable. Como si fuera natural que se quemen tantos niños sólo porque no hubo quién dijera que ninguna celebración valía esta pena.
Dos momentos
Alguien dirá que éste es un problema más cultural que de leyes. Es posible. Pero es sabido que los cambios culturales son procesos que llevan muchos años, y mientras logramos entender que no se puede fabricar pólvora en mercados, ni se le debe vender a niños en la pulpería y que su quema debe estar a cargo de especialistas en sitios debidamente establecidos, hay que detener este flagelo, que tiene dos partes: la primera, cuando mueren calcinados quienes la fabrican apuradamente para las fiestas de diciembre, y la segunda, cuando llegan a los hospitales los niños que se quemaron queriendo divertirse con ella. Ya pasamos la primera, esperamos la segunda…
Llamarada de tuza
La rebelión de Enrique Quiñónez duró menos que la Guerra del Futbol entre El Salvador y Honduras. No bien había comenzado a decir que el PLC debía limpiarse de Arnoldo Alemán, cuando lo vimos abrazado y sonriente con él. Ya se veía raro que fuese Quiñónez quien llamara a la reconciliación entre los liberales. Precisamente Quiñónez.
Disidentes
Alguien me comentaba que una táctica de los caudillos para sofocar las disidencias es crear sus propias rebeliones. Así, cuando el caudillo siente que hay un momento de reclamos, comisionan a uno de sus leales para que se rebele y agrupe todo el descontento. Luego, el “comisionado” regresará arrepentido con la disidencia desbaratada. Y no es raro ver luego cómo los “rebeldes” inesperadamente se ganaron una magistratura, o una jefatura de bancada.
Saqueo
Ojo con lo que pase en estos días en las instituciones del gobierno. Por muchas justificaciones y eufemismos que quieran ponerle los funcionarios a los aumentos de salario, indemnizaciones, compra y venta de vehículos y recursos de las instituciones que tienen a su cargo, no merece otro nombre que latrocinio. Robo descarado. Ojalá que el fin de este gobierno no repita el saqueo que tradicionalmente ejecutan los funcionarios en estos tiempos de transición. ¿Qué autoridad tendrá alguien para llamar piñatero a otro, si él mismo se vendió como chatarra el vehículo que tenía a su cargo? Si alguien quiere comprar vehículos usados, sobran comercios que se los vendan. Que dejen en paz los del Estado, y así los nuevos funcionarios no tendrán la excusa de que encontraron saqueada la institución y por lo tanto tienen que comprarse todo de nuevo para que siga la fiesta.