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¿Hacia un Estado confesional?
León Núñez
El autor es abogado

En mi artículo La tesis de los pisos y los techos pronostiqué el triunfo de don Daniel. Afirmé que ganaría las elecciones por “las buenas o por las malas”. Las ganó por las buenas, de conformidad con la ley.

Ahora bien, ¿por qué las ganó? En la peña El Bejuco de Acoyapa se considera que una de las razones determinantes del triunfo electoral del FSLN fue el tipo de discurso que pronunció don Daniel y doña Rosario. Se dice que fue un discurso que causó conmovedoras emociones místicas y espirituales porque cuando hablaban —según dicen algunos psicólogos expertos en estos temas— lo hacían con fervorosa humildad, sin ningún asomo de rencor; hablaban con amor, con unas inmensas ansias de unidad, de paz y de reconciliación.

En la peña observaron que frente a las multitudes o mejor dicho frente a una feligresía multitudinaria —ahora no se debe hablar de manifestantes sino de feligreses— los movimientos de brazos de don Daniel y de doña Rosario eran tan bíblicos, sus manos tan implorantes y sus semblantes tan edénicos que daban la impresión de que eran unos líderes religiosos que estaban predestinados a conducir al pueblo nicaragüense hacia la tierra prometida.

La verdad es que se les veía tan llenos de fe y de tanta energía divina que en algunas ocasiones los miembros de El Bejuco hasta sintieron la necesidad de pedir audiencia para que don Daniel les echara la bendición.

Se sabe, de fuentes generalmente bien informadas, que Su Eminencia el cardenal Obando era el que más se emocionaba cuando escuchaba esos discursos, y no porque creyera, como dicen algunos mal pensados, que con don Daniel en el poder Coprosa volvería a disfrutar de sus tiempones, sino porque estaba seguro que las palabras del señor Ortega y doña Rosario estaban despertando en Nicaragua muchas vocaciones sacerdotales, que por cierto últimamente han estado muy escasas. Es más, hasta se comenta en círculos allegados a Su Eminencia que después de escuchar a don Daniel y a doña Rosario no fueron pocos los nicaragüenses que decidieron seguir el camino de la santidad.

Lo cierto es que no solamente las demostraciones religiosas de don Daniel fueron impresionantes, también lo fueron las de don José y don Eduardo. En la peña El Bejuco nos informaron que durante la precampaña y la campaña electoral don Daniel Ortega asistió a 110 misas, en las que todas comulgó; don José Rizo asistió a 86 y comulgó en 70 y don Eduardo Montealegre asistió a 79 y comulgó en 69. Sin que pueda considerarse un ejemplo de figureo religioso a los tres candidatos presidenciales les agarró una comulgadera increíble y durante las misas, en el momento que el sacerdote invitaba a dar la paz, se lanzaban apresuradamente, como desesperados, a abrazar a todo el mundo, especialmente a niños y ancianos.

Por otra parte, es importante señalar que llamó mucho la atención de los periodistas extranjeros la enorme religiosidad de los tres citados candidatos presidenciales, y no solamente por ser unos comulgadores compulsivos sino por sus constantes visitas a Su Eminencia en busca de auxilio espiritual y de consejo, pero también en busca de alguna parábola que les favoreciera, siendo don Daniel el único favorecido con la “parábola de la piedra”.

En Acoyapa se sabe que para Su Eminencia, de los tres candidatos mencionados, don Daniel es el mejor hijo de la Iglesia católica. Sin embargo, esto no significa que don Eduardo y don José sean malos hijos, al contrario, demostraron no solamente ser liberales de misa diaria sino feligreses obedientes que junto a don Daniel hicieron todo lo posible para que se cumpliera velozmente el llamado de la jerarquía eclesial para que —sin deliberación alguna— se tipificara urgentemente como delito el aborto terapéutico. A mí no me extrañaría que la Asamblea Nacional estableciera la pena de morir en la hoguera para todos aquellos que fueran encontrados culpables del delito de aborto.

Ahora bien, con el triunfo de don Daniel la mayoría de los nicaragüenses se pregunta hacia dónde va Nicaragua. Unos consideran que todo va a seguir igual —que van a haber cambios para que nada cambie— otros creen que se respetará el actual sistema aunque con cierto viraje hacia lo social y otros piensan que vamos hacia el chavismo.

En la peña El Bejuco se sostiene la tesis de que Daniel Ortega va a esforzarse por conformar un Estado teocrático, confesionalmente católico, en donde regirá la doctrina de la Iglesia, y que en este esfuerzo va a ser apoyado por los liberales, sean del PLC o de la ALN, pues las demostraciones de religiosidad que dieron los tres candidatos en los meses pasados nos indica que no existe diferencia entre ellos en cuanto a la obediencia que le debemos los nicaragüenses a la jerarquía de la Iglesia católica.

Por consiguiente, en la peña se piensa que lo que viene en Nicaragua es el establecimiento legal del poder político de la Iglesia, en el entendido de que ese poder político debe ser ejercido por quien ganó las elecciones, es decir, por don Daniel Ortega, pero siguiendo las instrucciones emanadas por el cardenal Obando, Roberto Rivas, Bismark Carballo, Eddy Montenegro y demás dignatarios que escoja Su Eminencia.

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