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Todo para ir sobre ruedas

El nuevo gobierno del presidente electo, Daniel Ortega, contará con óptimas condiciones para que Nicaragua experimente un continuo crecimiento económico en los próximos años. Ortega recibe un país con índices macroeconómicos sumamente saludables, con flujos constantes de cooperación externa que según datos del Ministerio de Hacienda, andarán en 399.3 millones de dólares en el 2007 y crecerán a 400.3 millones en el 2008 y hasta 438.1 en el 2009. Las reservas internacionales brutas han alcanzado los 841 millones este año. La inflación se mantiene en niveles razonables y se proyecta que baje del 9.1 por ciento actual hasta 7.1 por ciento en el 2007. De igual manera, se anticipa una tasa estable de devaluación de la moneda de un 5.0 por ciento anual durante los próximos tres años. Por otro lado, Nicaragua cuenta con una empresa privada pujante y dinámica y con proyecciones de inversión extranjera verdaderamente envidiables. Los europeos, asiáticos y norteamericanos han expresado criterios encomiables sobre las posibilidades de inversión en nuestro país si y sólo si se mantienen la estabilidad política, económica y social del momento.

En lo que respecta a estabilidad social, Daniel Ortega no tendrá que preocuparse durante su gobierno por resolver el caos causado por las huelgas de transportistas y de estudiantes universitarios que, de manera concertada y organizada, paralizan la vida económica cada año y producen pérdidas, desestabilización y zozobra entre la población con quemas de buses, morterazos, destrucción de la propiedad privada y muertes de policías antimotines. Tampoco es probable que el presidente electo tenga que enfrentarse a los médicos huelguistas que, actuando como políticos al servicio de un partido, se toman violentamente los hospitales y los centros de salud e impiden la atención a niños, ancianos y mujeres embarazadas. Esta paz social dejará sin argumentos a Ortega si el país retrocediera bajo su gestión.

Tampoco se prevé desestabilización política porque ni el presidente Enrique Bolaños ni los ex candidatos presidenciales Eduardo Montealegre, José Rizo y Edmundo Jarquín han amenazado al comandante Ortega con “gobernar desde abajo”. Esto implica que en el gobierno de Daniel Ortega no habrá boicots de diputados de oposición en la Asamblea Nacional contra la aprobación de leyes que benefician al pueblo y fortalecen la democracia y el Estado de Derecho en nuestro país. También significa que la oposición no chantajeará al gobierno para exigir cuotas de poder en las diferentes instancias del Estado sino que actuará de manera patriótica y constructiva. Asimismo, los diputados de oposición no promoverán la creación de leyes coyunturales ni utilizarán a jueces y magistrados del Poder Judicial para perseguir y procesar a funcionarios del Gobierno por delitos sacados del sombrero de un mago. La estabilidad política será una gran ventaja a favor del comandante Ortega.

En resumen, no hay razón alguna para que, con una envidiable estabilidad macroeconómica, paz social interna y sin co-gobernantes que le “serruchen el piso”, el señor Ortega no lleve al país, desde donde está, a niveles de mayor prosperidad, estabilidad social, desarrollo y fortalecimiento de las instituciones democráticas. Eso es ni más ni menos lo que los nicaragüenses esperan y van a exigir.

El único que podría impedir esta proyección de desarrollo y prosperidad es el mismo comandante Ortega. ¿Cómo? Tomando partido en la confrontación que existe entre Venezuela, Cuba y los Estados Unidos, es decir, inclinándose excesivamente a Caracas en detrimento de las buenas relaciones con Washington. ¿De qué otra manera? Saliéndose de los parámetros que le permite el Presupuesto General de la República y los acuerdos con organismos financieros internacionales para dar respuestas populistas e irresponsables a las demandas de una población urgida y aumentando así el déficit fiscal, la inflación e incumpliendo con sus compromisos, etc.

El nuevo gobierno sólo necesita manejarse con madurez y sensatez para que el país prospere. La prosperidad sostenida a veces toma tiempo, pero el desarrollo en democracia no admite atajos. Las soluciones apresuradas e impensadas no son la solución definitiva a la pobreza y al subdesarrollo. Se requiere, pues, responsabilidad y disciplina para alcanzar las metas y aun superarlas. Ortega cuenta con todo para que el país vaya sobre ruedas pero debe tener cuidado de no descarrilarlo.

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