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La mesa servida
Róger Fischer S.
El autor es publicista

En la era democrática, nunca gobierno alguno había encontrado la mesa servida, el señor Ortega recibirá un país con más carreteras, un tratado de libre comercio con los Estados Unidos que ya está funcionando y exportaciones de zonas francas por más de ocho millones de dólares.

La Motty es la perrita de mi casa, juguetona y alegre que duerme a la orilla de la puerta de nuestra habitación, velando nuestro sueño y golpeando con sus pequeñas pezuñas suavemente y con discreción la madera para despertarnos con rigurosa puntualidad a las 6:30 a.m. La Motty siempre que entra al cuarto, saluda y salta hacia el sofá.

A veces juego con mi destino y obedezco corazonadas sin asidero lógico, apostando únicamente al azar. El día antes de las elecciones había tratado de digerir tanta propaganda, tantas llamadas telefónicas y tantos anuncios de carretera, en un mar de colores y mensajes, que mi preferencia liberal aún era incierta y más incierta todavía la elección presidencial. Para engañarme, decidí muy temprano del domingo abrir la puerta a la Motty, a quien recibí como venida del Oráculo de Delfos, para que me indicara con su actuación quién iba a ganar las elecciones. Si la Motty saltaba al sofá ganarían Chepe o Eduardo, si por el contrario, sólo entraba al cuarto y se echaba en cualquier sitio, ganaría Daniel. La Motty entró, meneó la cola, se fue hasta la orilla del sofá, lo miró con desdén y prefirió acostarse directamente en el ladrillo. Mal presagio, me dije, no ganan los liberales. Me inyecté un rayito de esperanza y pensé en Edén, no puede ser, asentí en voz alta, si él es Cero y en cero se convertirá.

Al ir a buscar la Junta Receptora de Votos para ejercer mi derecho de escoger, volví a tener otra corazonada, esta vez perfectamente calculada, si me manchan la mano derecha ganarán los liberales, si me entintan la izquierda va a ganar Daniel. Me mancharon el pulgar izquierdo... entonces recordé que “a dos puyas no hay toro valiente”. Quise correr el tercer albur… Traía en la mano, para descansar cuando lo necesitara, un pequeño asiento de plástico y al salir de la sala de votación, pensé, si me lo solicita una vieja gorda, gana Daniel, si me lo pide un anciano como yo, ganan los liberales… y pasó lo que ya estaba escrito, la vieja gorda se sentó en el asiento. Aquí no hay de otra, pensé, ni corras que sos out. La suerte estaba echada.

Mi esposa es muy práctica y me dijo: “Voté por el ALN, pero Daniel va a ganar por la división existente entre las fuerzas democráticas, sólo sumá y restá. Daniel se la lleva en la primera vuelta”.

Entonces empecé a recordar los episodios de las encuestas con sus estiras y encoges, pero siempre tendientes a ratificar el triunfo del Frente, bajo la premisa de divide y vencerás. La famosa roconola del Pingüino, engañó a muchos PLC, también la gran manifestación en la plaza Juan Pablo II y la miopía general de no saber sumar e ilusionarse con el famoso Güegüense que esta vez no apareció por ninguna parte. El entusiasmo del doctor Mendieta y su vehemencia contra Eduardo, el triunfalismo tardío del PLC, la andanada de viajeros procedentes de los Estados Unidos y Costa Rica, fueron parte del espejismo y la ceguera.

La falta de visión provocó la división. Nicaragua sigue siendo original, es el primer país del mundo donde manda la minoría y esta singularidad permite una serie de ventajas para defender la democracia desde una Asamblea plural.

El nuevo Gobierno necesita estimular la confianza de la ciudadanía en general y tiene un reto profundo en dos sentidos aparentemente opuestos; por un lado cumplirles a los más pobres sin destruir la planta productiva, sin aumentar las planillas gubernamentales y sin asustar a los inversionistas. Por otro lado, no puede cumplirle a los pobres sin el esfuerzo del capital, o sea que el péndulo de don Daniel se tendrá que inclinar en ambos sentidos y el equilibrio, la madurez, el sentido de responsabilidad y la obligación de gobernar para todos, será sin duda el éxito de su misión.

Ortega se tiene que ganar la credibilidad del 62 por ciento de los nicaragüenses y por lo tanto, sus ministros y sus acciones serán encaminados a obtener la confianza que tan necesaria le será durante su administración.

En la era democrática, nunca gobierno alguno había encontrado la mesa servida, el señor Ortega recibirá una Nicaragua con más carreteras, un tratado de libre comercio con los Estados Unidos que ya está funcionando, exportaciones directas por más de un mil doscientos millones de dólares, exportaciones de zonas francas por más de ochocientos millones de dólares y un mil setecientos millones de dólares a la disposición del gobierno, ya aprobados por organismos internacionales para ejecutar obras indispensables. A esto hay que agregar un perdón casi total de la Deuda Externa y una Nicaragua con una imagen internacional positiva y digna con mucha menor corrupción y con una evolución democrática ejemplar.

Daniel tendrá la oportunidad de negociar con el Fondo Monetario Internacional en términos blandos para el país, mismo que logró Mario Alonso en su oportunidad y los cuales obtienen como gestos de buena voluntad del Fondo los nuevos gobiernos normalmente.

Eduardo Montealegre hizo lo correcto y está jugando a largo plazo, una oposición constructiva e inteligente con la mayoría de los nicaragüenses a su favor, le permitirá crecer y afianzarse políticamente.

Ortega tiene el reto de gobernar en democracia y la oportunidad de pertenecer a la historia como un estadista serio y un gobernante respetuoso de los derechos ciudadanos.

El Frente Sandinista jugó una partida astuta e inteligente, negoció el 35 por ciento para ganar, dividió a los otros partidos políticos y a partir del 10 de enero tomará las riendas del Gobierno de Nicaragua. Las condiciones de su ascenso al poder son totalmente diferentes al triunfo revolucionario. El mundo ha evolucionado, ya no hay conflicto Este-Oeste, la Policía se ha profesionalizado y el Ejército también.

Daniel entra a gobernar, sin una prensa fuerte a su favor, pues sus medios sólo llegan a la minoría que le dio el triunfo, necesita ganarse también la confianza y el respeto del periodismo y demostrar que no es el Lobo de Gubia, sino el presidente de todos los nicaragüenses.

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