Managua
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19.11.06
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Noticias >> Nuestra Gente
Sarita Valery con su tradicional turbante. (LA PRENSA/ARCHIVO)
La musical Sarita Valery y su cuchara de abolengo
“Nací aspirando el aroma de las especias y manchando mis manos en la regia mezcolanza de los deliciosos adobos. Miraba con ‘ojos de plato’ cómo mi madre desnudaba al ajo y a la cebolla para matrimoniarlos en el sartén. ‘Están dando suspiros de amor’, decía con picardía cuando la manteca hirviente hacía crepitar ambas liliáceas”
Mario Fulvio Espinosa
departamentos@laprensa.com.ni
El Tuma

Canción de Sarita Valery
….
En las montañas de El Tumaal pie de un lago nacienteyo busco la paz perdidaque venga con la corriente.
Se la pido a los riachuelosdel Cacao y Mancotalque bajan por esos cerrosformando en gran Apanás.
Verde, verdecito tiernoverde, verdecito marverdes prados que yo veoy una verde soledad. (bis)
En Nicaragua queridaque fue pintada por Dios,aquí, en estas alturasdejó todo su color.
Me pierdo entre los pinares,me siento bajo un ciprésy busco en la fuentecita que pasa junto a mis pies.
Verde, verdecito tierno…..
Las brumas son un ensueñoque en frío suelen bajary en las divinas orquídeas rocío saben dejar.
Mis ojos están secosy al cielo quieren mirarrogando en muda plegaria a Dios la felicidad.
Verde, verdecito tierno….

Libro de otra galaxia

“Mis canciones son poesías. Gracias a mi hijo Fernando Somarriba y a Carlos Mejía Godoy, he decidido hacer un disco cuyas canciones hablan de quince pueblos de Nicaragua. También escribo mi autobiografía, se titula Soy un Disparate. Como soy algo irrespetuosa con el idioma voy a pedirle a un gran escritor que me ayude a editarlo sin alterar mi estilo”.

Sarita Valery, la bella y popular muchacha alegría de Managua, es ahora una hermosa dama blanca de vivaces ojos de ámbar. Pasó la primavera de la vida dentro de un espacio de exquisitos aromas y sabores donde se moldearon otras facetas notables de su vida: el canto, la poesía y la música.

Piensa y dice que “muchas cosas de mi vida fueron determinadas por mi pasión a la buena cocina, las carnes y verduras, los adobos, los caldos y frituras marcaron mi existencia”.

Sus palabras nos hacen recordar a Tita, la heroína de la novela de Laura Esquivel, Como agua para chocolate, cuya vida sentimental siempre estuvo ligada a los deliciosos platillos que aprendió a hacer desde muy niña con su nana.

Pero no fue una nana la que inició a Sarita sino sus padres, René de Valery y Florentina Martínez de Valery, quien odiaba que le dijeran Florentina, prefería el simplemente Tina. “Eso de Florentina parece un florón con una tina”, decía ella.

Tina fue hija de don Nicasio Martínez Sanz, creador del emporio cafetalero La Castellana, de Jinotepe, donde también había un beneficio de café, un aserrío, un trillo de arroz, una ladrillería y una fábrica de jabón. “Y todo eso acabó cuando los hijos las recibieron en herencia”, afirma sin mayores comentarios nuestra Sarita.

COCINA CON NOMBRES PROPIOS

“Mi madre era una gran cocinera y mi padre era renombrado chef y cocinaba divino. Para colmo, al cumplir 11 años me mandaron a Nueva York donde mi tía Carmen —hermana de mi madre—, que es una fiera en la cocina, modernizó mi estilo porque me encantaba lo que ella hacía. Agarré en serio el oficio y ya cumplí 56 años de cocinar sin parar, haciendo platillos que llevan el nombre de aquellas amigas que me han dado la receta. Por ejemplo, es de chuparse los dedos el arroz con palmito al estilo Rita Kettel, el arroz con chorizo a la Milonga, el arroz a la Chilo Morice y otros con los que honro a estas y otras amigas para mí muy queridas”.

FAMILIA DE BUEN YANTAR

Así, caminando entre estufas, cazuelas, hornos, sartenes y ollas, deshojando lechugas y repollos, rebanando pepinos, remolachas, rábanos y zanahorias, adobando los distintos asados y ensayando aromas con el culantro, la canela, el clavo de olor, la hierba buena y el orégano, llegó el tiempo que Sarita se vio “ahogada” entre recetas… Entonces se le ocurrió escribir un libro con todas ellas.

El libro se titula Cocinando con Sarita Valery y es una amalgama de amor revuelto en toda clase de sabores. “Éramos seis hermanos, todos amigos del buen yantar, mi papá era francés y venezolano, mi mamá nicaragüense, mi tía era casada con un árabe, así que nuestra vida era una mezcolanza nacional e internacional del buen comer, con una sazón que iba desde lo más simple hasta lo más exótico”.

Dicen que el buen amor entra por el paladar. ¿Incidió la cocina en tu vida amorosa?

Sospecho que como la Tita de la novela, me marcó un poco. Resulta que a veces el novio comía en la casa y llegó un momento en que no supe si le gustaba más la comida que la novia. Como dijo Cantinflas: “Ahí está el detalle”.

CANTANDO BAJO EL BUEN CHUBASCO

Cuéntame más de tu persona. ¿Dónde naciste?

En Jinotepe, un 10 de diciembre, a las cinco de la tarde de un año cualquiera, hace ya bastantes años, que no te voy a decir cuántos.

¡Ni yo que pregunte eso! Vade retro, como diría el papa Formoso.

Viví en Jinotepe hasta que cumplí 32 años, también hace bastante tiempo me vine a Managua porque a mi marido lo trasladaron al Banco Nacional. Mi infancia fue alegre y feliz, jugaba con 49 primos hermanos, andábamos en zancos que nos hacían en La Castellana, cuando llovía nos lanzábamos a la calle a bañarnos con agua de lluvia, escalábamos los muros de cal y canto, hacíamos horrores, nos metíamos a nadar en las pilas donde lavaban el café y no nos ahogamos porque Dios no quiso. Nos montábamos sobre los sacos que iban en un carrito de rieles desde La Castellana hasta la estación del ferrocarril. Viajábamos a Casares donde mi padre tenía una casa muy linda. Mi abuelo materno, don Nicasio Martínez, tenía otra.

ABOLENGO AVENTURERO

Quiero decir que mi abuelo paterno Mateo de Valery fue un ciudadano ejemplar. Junto con el señor Belli llevó la luz eléctrica a Jinotepe, él trajo el primer carro que hubo en esa ciudad, instaló el primer beneficio de café y fundó el primer banco. Era un señor muy versátil en sus cosas y adelantado para su época, había nacido en Córcega, Francia y se vino a América con mi bisabuelo a trabajar con los franceses en la construcción del Canal de Panamá, después vivió en Venezuela y decidió residir en Nicaragua donde conoció a mi abuela cuando ésta estaba recién nacida. “Con esta niña me voy a casar”, dijo, y así fue, se casaron apenas ella cumplió los 14 años. Mi abuelo hablaba nueve idiomas, falleció en 1924.

¿Lo conociste?

Claro que sí. Él me adoraba y yo a él.

LAS PIÑATAS DE LA IGUANA

¿Y de tu abuelo materno?

Era un gran escritor, tenía los ojos claros… No era muy alto. Había nacido en Soria, España, y su mejor cualidad era adorar a sus nietos. Nos hacía unas piñatas divinas pero junto con las moneditas y los caramelos les metía iguanas y sapos a la tinaja. Cuando la quebrábamos nos lanzábamos sobre los dulces y los reales sin importarnos que los sapos y las iguanas nos cayeran en el lomo.

¿Les contaba cuentos?

Sí, junto con relatos de España. Su madre nos mandaba todos los años jamones serranos y vino en toneles, también frutas secas y nueces. Mi infancia fue lo más feliz de mi vida después de mis hijos, estudié en las Belemitas de Jinotepe, en el María Auxiliadora de Granada, luego pasé al Colegio La Asunción y finalmente a Estados Unidos.

¿Me imagino que tu familia era o es muy cristiana?

Se pasaban de la raya. Mi mamá era de las personas que nos obligaban a ir a misa todos los domingos y días de fiesta, para colmo rezaba el rosario todos las noches y a su lado debíamos orar. Nos desquitábamos en las procesiones donde éramos insolentes y cuando llegaba el peregrinaje en carreta a La Conquista yo me iba en la caravana jugando por el camino. ¿Te imaginás andar en zarabando con 49 primos donde yo era la chavala de la película?

AMOR FRIENDO Y COMIENDO

¿De dónde nace tu amor por el canto y la música?

Comencé desde los cuatro años a recibir clases de piano con Conti Rappaccioli, la tía Nacha. Seguí estudiando en el colegio con las monjas, igual hice en el María Auxiliadora y La Asunción, después en el colegio de Nueva York donde me gradué cuando tenía 16 años. En esa ciudad me enseñaba canto un señor que era tenor del Metropolitan Opera House, pero en cierta ocasión me vine a pasar vacaciones porque después iba para la Scala de Milán. En esas vacaciones me enamoré y me casé, ahí terminó la Scala y el viaje a Italia. Apenas tenía 17 años.

¿Qué tal resultado tuvo el matrimonio?

Fue formal, no fue violento. Él es un excelente profesional, Ernesto Somarriba es su nombre y es el padre de mis hijos, mis tres tesoros, Raquel, Fernando y Morela. Tengo seis nietos divinos, y mi matrimonio terminó después de 21 años.

¿Cómo logró él cazar a semejante fierecilla?

Él vivía en el Hotel Imperial y yo al frente. Y la fierecilla era de lo más alegre y además dicen que era bonita, así que le gusté y él me gustó y nos entendimos. Jalamos un año y aquello fue como estar en la cocina “friendo y comiendo”.

ANTOLOGÍA DE COCINERAS

¿Qué pasó después?

Di clases de canto, de piano y de baile. En La Asunción formé un coro de ciento y pico de muchachas. Resultó muy lindo. Pero no dejaba de trabajar en otras cosas y todos los días allá en Jinotepe hacía pan dulce, quesos y cuajadas. Mis clientes eran los pobres empleados del banco que funcionaba en mi casa.

Cuando vivía en Managua ayudaba y participaba en las veladas de Los Chicos de la Prensa. Canté para la Unión Radio, la emisora de Los Gordos. Por todo eso jamás percibí dinero alguno.

Cuando trasladaron a mi marido para Honduras me fui con él y la saga continuó en Tegucigalpa, donde hice televisión. Cuando me divorcié, me fui a vivir a Guatemala donde también hice lo mismo en un programa llamado La Puerta de Oro que fundé para ayudar a los muchachos que soñaban con estudiar canto. Después me trasladé a Venezuela donde iba a actuar en televisión con Mosiu la Cavallery, pero no pude hacerlo porque aquello se volvió una argolla muy grande y preferí poner un negocio de cocina, El Sara’s Gourmet, que ahora administra mi hija Morela que vive en ese país.

La cocina marcó mi vida definitivamente, y la sigue marcando porque al regresar a mi Patria decidí escribir mi libro de recetas. Ahora estoy escribiendo otro libro de cocina y con mi amiga Egda Vélez. Toda una antología de las grandes cocineras que han existido y existen en nuestra Nicaragua.

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