¿Tomarán los demócratas la batuta de la reforma migratoria?
Una de las conclusiones rápidas y sencillas que se sacan de la derrota republicana en las elecciones de la semana pasada es que el tema de la inmigración no logró motivar al electorado. Fue “el perro que no ladró”, declararon defensores de los inmigrantes o, como lo expresó el Wall Street Journal, fue “el oro de los tontos de la política estadounidense”. Lo que los candidatos hicieron o dejaron de hacer en inmigración influyó poco en el resultado de los comicios.
Antes del voto, sin embargo, muchos republicanos y demócratas confundieron un disgusto minoritario con un sentimiento generalizado de la nación. La vehemencia reflejada en comentaristas de televisión por cable y aquellos que enviaron ladrillos a congresistas para simbolizar el muro que quieren ver construido en la frontera entre México y Estados Unidos despistó a muchos políticos. Y así, a pesar de las históricas marchas de la primavera en contra de la legislación antiinmigrante, los republicanos impulsaron en septiembre en el Congreso la Ley de la Valla Segura 2006 con la ayuda de varios demócratas —26 en el Senado y 64 en la Cámara—. Y el 26 de octubre el presidente Bush firmó la ley.
La mayoría de los congresistas predijo que los votantes les cobrarían en las urnas si no aprobaban algún proyecto de seguridad fronteriza. Pero ni siquiera uno de cada tres votantes citó a la inmigración como un factor extremadamente importante en su decisión, mientras que Irak, la economía, el terrorismo y la salud figuraron en forma más prominente.
¿La lección? Posturas punitivas contra la inmigración no garantizan votos. Y lo que es más importante, una reforma integral a la inmigración no tiene por qué titubear ante el ruido que hagan los activistas antiinmigrantes.
No obstante, los demócratas no están precisamente saltando de dicha ante la oportunidad. En su lista de prioridades, la llamada Nueva Dirección para Estados Unidos, la inmigración está visiblemente ausente. En su primera rueda de prensa después de que los demócratas se tomaran la Cámara, la futura presidenta Nancy Pelosi ni siquiera mencionó la palabra.
Ojalá sea sólo un descuido. Para Bush y la nueva mayoría demócrata pocos temas ofrecen tantos puntos en común. Desde el primer día de su administración Bush ha querido dar una solución imaginativa al problema de la inmigración. Los demócratas, por su parte, han sido vistos como el partido más inclinado a apoyar ese enfoque —que complementaría medidas punitivas con un programa de trabajadores temporales y una oportunidad para que millones que están ilegalmente en este país puedan arreglar su situación.
Aunque no alcanzó la importancia de otros temas en esta temporada electoral, nadie debiera concluir que la inmigración no interesa a los votantes estadounidenses. Eso quedó particularmente claro en Arizona, el Estado por donde ahora entran ilegalmente más inmigrantes a este país. El día de la elección, más del 70 por ciento del electorado en Arizona votó a favor de todas las medidas sobre inmigración que le pusieron en frente.
Dichas iniciativas eran lo que muchos llamarían punitivas —castigan a inmigrantes ilegales que, por ejemplo, intenten tomar clases de inglés auspiciadas por el Estado o utilizar guarderías que reciban fondos estatales. Pero estas opciones fueron suavizadas por el hecho de que los votantes en Arizona también rechazaron a dos candidatos al congreso— el representante J. D. Hayworth y el legislador estatal Randy Graf — quienes hicieron del enfoque punitivo contra la inmigración el tema central de sus campañas.
¿Qué se puede concluir de este mensaje contradictorio en Arizona? En el mejor de los casos, que los votantes están frustrados por la falta de acción hacia una reforma migratoria significativa a nivel federal. El sistema de inmigración actual deja a los Estados enfrentando por su cuenta una lamentable situación que sólo podrá repararse plenamente en Washington.
Puede que la inmigración no figure muy alto entre las preocupaciones de los votantes en general, pero si se les pregunta, la mayoría dice apoyar una reforma integral. Una encuesta a boca de urna del National Election Pool, un consorcio de organizaciones de noticias, encontró que casi seis de cada 10 votantes dijeron que creían que a los inmigrantes ilegales que trabajan en Estados Unidos se les debía ofrecer una oportunidad de legalizar su situación. Y un 61 por ciento de dichos votantes apoyó a un candidato demócrata.
No hay duda de que una reforma integral va a requerir liderazgo. La opinión de la mayoría probablemente continúe siendo eclipsada por una minoría ruidosa ayudada por sus compinches en la televisión por cable. Así que le corresponderá a los políticos acá recordarle a la gente, de vez en cuando, que Estados Unidos simplemente no puede solucionar este problema a punta de vallas.
Los demócratas tienen ahora la oportunidad de asumir el debate, liderarlo y aprobar una legislación que el presidente firme. Quizás la inmigración no haya motivado esta vez a los votantes como lo predijeron los republicanos, pero ese puede que no sea siempre el caso.