“Al dragón hay que agarrarlo por la cola”. El comentario de Leticia Barajas sobre China hizo arquear las cejas de los funcionarios de la embajada asiática en México que lo presenciaron. Aunque poco diplomática, la intención de Barajas no era peyorativa ni de doble sentido, sólo pretendía hacer una recomendación: en lugar de temer o combatir a la potencia económica asiática —el dragón chino—, habrá que hacer lo posible por conocerla y entenderla; algo bueno —y rentable— se podría aprender en el intento.
Ése es uno de los objetivos del proyecto Programa de Formación de Negocios México-China, del que Barajas ya ha participado en iniciativas previas del programa, cuyo mecanismo de funcionamiento es muy simple: enviar profesionales mexicanos a la nación asiática para que aprendan el know-how chino y lo lleven de regreso a su Patria. O, como dice un documento del programa, busca “crear expertos en el tema comercial México-China”. Este año 113 profesionales mexicanos integran la expedición.
El programa es una de las respuestas con que se trata de enfrentar la psicosis colectiva que genera la idea de China en el inconsciente colectivo mexicano. Una encuesta reciente de Ipsos-Bimsa revela que el 52 por ciento de los mexicanos piensa que China es una “competencia desleal” para las empresas nacionales; el 41 por ciento cree que aumentar las relaciones comerciales con ese país sería “perjudicial”; el 33 por ciento vaticina que aumentaría el desempleo y el 65 por ciento opina que los productos chinos son de “menor calidad” que los mexicanos.
Hay una razón de peso para ese temor. La competencia de China ha resultado muy difícil para los mexicanos en el mercado interno y, especialmente, en Estados Unidos, país adonde se dirige casi el 60 por ciento de las exportaciones mexicanas.
En 2004, el déficit comercial de México con China se calculaba en US$13,991 millones (según una investigación del Centro de Estudios de Finanzas Públicas de la Cámara de Diputados de México). Para fines del 2005, de acuerdo con datos del Banco de México la balanza comercial de México con China mostraba un resultado deficitario por US$16,561 millones (ventas mexicanas a China por US$1,136 millones; y adquisiciones de bienes chinos por US$17,696 millones). Dato que no alarma a la Secretaría de Economía (SE) de México, ya que el intercambio económico con el principal socio comercial, Estados Unidos, marcha —hasta el momento— con viento a favor: un superávit por US$75,000 millones.
MODA EMPRESARIAL
Claro que si México no tuviera déficit comercial con China, tampoco podría tener un superávit con Estados Unidos. El 73 por ciento de las importaciones mexicanas, hasta el 2000, tenía su origen en su vecino del norte; hoy, la cifra es de 53 por ciento. ¿Qué ocurrió? Muchos productos —como componentes electrónicos— que se adquirían en Estados Unidos ahora se compran en China y otras naciones de Asia.
El ingreso de China al mercado internacional ha generado muchos cambios e incertidumbre sobre el modelo comercial mexicano. Tanto que las visitas a China se han transformado en una moda para pequeños empresarios. Es común ver en los diarios avisos de agencias que preparan tours para empresarios que quieran conocer China en los que, junto a la Muralla China, Tiananmen y la Ciudad Perdida, se visiten ferias y empresas locales.
Pero ninguna es tan oficial como la del Programa de Formación de Negocios México-China. Ésta es una iniciativa en la que participan tres instancias del gobierno: la Asociación Mexicana de Secretarios de Desarrollo Económico (Amsde, agrupación que reúne a los ministros estatales encargados del fomento económico en las 32 entidades de la República), el Banco de Comercio Exterior (Bancomext) y la Secretaría de Economía.
El programa nació hace dos años y arrancó sus trabajos en el estado mexicano de Michoacán, entidad que impulsó originalmente el proyecto. El envío de pequeños empresarios a China representa el paso más agresivo hasta la fecha. El paso anterior había sido en el 2005, cuando el gobierno de Michoacán becó a 20 jóvenes en la Universidad de Zhejian. Durante dos años, los “becarios” recibirán capacitación —idioma, cultura, economía— en dos de las mejores universidades del país asiático: la de Shanghai y la de Zhejiang. Además, según datos de Amsde, los empresarios tendrán que realizar “estudios sectoriales en diversos rubros productivos”.
El entrenamiento será respaldado, durante dos años, por una inversión de US$ 2 millones. El grupo de profesionales seleccionados, la primera generación del proyecto, está conformado por jóvenes mexicanos egresados de licenciaturas económicas y administrativas.
Además, para principios de 2007, la iniciativa de las becas será respaldada por otro proyecto de la Amsde: la apertura de una incubadora de negocios en Shanghai, para pequeñas y medianas empresas mexicanas. Arrancará operaciones apoyando a 20 organizaciones y ofrecerá apoyo logístico, comercial y mercadológico a las PYME que quieran hacer negocios en China. “Hay muchas empresas mexicanas que ya están desarrollando negocios allá, como Cemex, Bimbo y Maseca. Pero ellas no nos necesitan”, asegura Eloy Vargas Arreola, presidente de la Amsde y secretario de Desarrollo Económico del estado de Michoacán.
Hay muchas esperanzas en esta primera generación de becarios. Se espera acercar a las economías estatales de México —en muchas ocasiones, víctimas de una política de desarrollo que aún padece síntomas de centralismo— al mercado exterior que se anuncia como el más poderoso de los próximos años. Sin embargo, no todas las autoridades estatales se desbordan en el ánimo. Hay quien opina que antes habría que desarrollar programas con alto impacto local. “Es un buen proyecto, interesante y con atributos innegables. En nuestro caso, la estrategia privilegia las iniciativas cuyo impacto económico es inmediato en el ámbito social. Lo de China es una apuesta, positiva, pero de resultados a largo plazo”, asegura una fuente, que solicitó el anonimato, de la Secretaría de Desarrollo Económico del Gobierno del Distrito Federal (DF).
A las políticas específicas de cada entidad, explica la fuente, habría que sumarle la capacidad presupuestal de cada estado, así como la facilidad que exista para mover los recursos (reasignar fondos, en la burocracia mexicana, puede resultar una labor titánica). Por ejemplo, factores de tiempo y de dinero disponible también complicaban una mayor participación del Gobierno del distrito federal en la aventura china de la Amsde, la que será apoyada, principalmente, por las entidades de Michoacán, Sinaloa, Durango, Colima, Aguascalientes, San Luis Potosí, Quintana Roo y Tlaxcala.
Por lo pronto, 133 mexicanos preparan maletas con un objetivo complicado, tal como lo reconoció Leticia Barajas: “Si dicen que hablar y escribir en chino es difícil, consolidar negocios en un país tan competitivo no es más fácil”.