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Única oportunidad: lúzcase don Daniel
Ana María Ch. de Holmann
La autora es colaboradora de las páginas de Opinión del Diario LA PRENSA

Don Daniel no ha ganado; nosotros hemos perdido, ya que tuvo un mayor número de votos que los otros dos —contendientes que le siguen—, ahora tiene una excelente oportunidad de hacer un gobierno para todos; de lucirse y ser el mejor presidente de los últimos treinta años o más. Por la razón más sencilla: no tendrá que gobernar “desde abajo”. Lo estamos viendo, no ha pasado ni una quincena y ya se acata la baja de precio del pasaje de los buses a 2.50 y para enero se anuncia que será a dos córdobas y, nadie chista... ya no habrá tomas de tierras y se respetará la propiedad privada, no habrá tranques ni chantajes. También habrá libertad de expresión y de prensa tal como lo anunció el presidente electo: “....todo lo expresarán los medios tal como lo piensen, así me calumnien, el público juzgará, yo no responderé”.

Nicaragua será un país de la alegría.... pero no como la alegría de los años ochenta en los que exclamábamos continuamente: ¡Qué alegre! encontramos frijoles, ¡Qué alegre! nos dieron aceite —aunque éste fuera pagado y de ballena, como decía la gente, porque cuando uno comía le quedaba la boca pegajosa, como si hubiera comido caimito. ¡Qué alegre! nos dieron azúcar, pero el fresco parecía tamarindada por el color negro del azúcar ¡Qué alegre! nos dieron dos rollos de papel higiénico y toallas sanitarias— esto era cada dos meses como que si estas necesidades fueran intermitentes... Y así, todo era alegría en “esta vieja era”. Así de ese estilo eran las sorpresas alegres en esos años de la noche oscura.

Pero ahora en esta “vieja nueva era”, todo será distinto y las exclamaciones de alegría serán reales y positivas, exclamaremos ¡Qué alegre! se erradicó la pobreza! ¡Qué alegre! habrá empleos y con buenos salarios!

¡Qué alegre, habrá escuela para todos los niños de los sectores más necesitados! ¡Qué alegre, habrá vivienda para todos los que no tienen vivienda! ¡Qué alegre, habrá abundantes medicinas en los hospitales! ¡Qué alegre, habrá petróleo barato y abundante con ello la luz no fallará!

Solamente cuatro-quintos del total de los votos fueron apuntados a favor de don Daniel: el más alto en su minoría. Los otros partidos a pesar de todas las “irregularidades” que precedieron para allanar el camino y lograr que este partido minoritario del Frente Sandinista ganara, no se quedaron atrás con todo y las anomalías como fueron: la no entrega de 35 mil cédulas de personas que no pudieron votar porque las entregaron solamente a los partidos pactistas, para repartirlas entre sus allegados, la consigna de este partido (FSLN) a sus afiliados de abrir tarde y cerrar temprano las mesas electorales. Todo esto sumado con la falta de educación cívica de los nicaragüenses, quienes dejan para última hora lo prioritario. Estas circunstancias favorecieron al partido minoritario FSLN. A todas estas “irregularidades” vergonzosamente se sumó el PLC con la calumnia de los Ceni y luego con la vil mentira del comunicado que dieron a conocer los voceros de este partido con su alarde propagandístico por medio de papeletas y avisos de las alcaldías anunciando “la renuncia” del candidato del ALN, Eduardo Montealegre, y con todo ello se garantizarían su triunfo, el que más bien fue desprestigio para ellos, confirmando el acuerdo del pacto entre Daniel Ortega y Arnoldo Alemán, en el que este último rebajó el porcentaje de votos al 35 por ciento para darle la certeza de ganar las elecciones al partido sandinista. Con este hecho, el nombre de Arnoldo Alemán y el del PLC quedan grabados en la página más negra de la historia de Nicaragua.

La mayor y más costosa lección que hemos repasado en esta contienda electoral es la falta de unidad. La unidad que hemos experimentado con éxito a través de las diferentes épocas de la historia: En 1856, los dos partidos políticos tradicionales por vencer las rivalidades entre ellos, el partido Demócrata (después Liberal) llamó a William Walker con sus fuerzas mercenarias para subyugar a los Legitimistas (después Conservador), y Walker aprovechando esta oportunidad se nombró Presidente y se adueñaba vertiginosamente de Nicaragua. Viendo este peligro inminente ambos partidos se unieron y unidos lograron erradicar al intruso insurgente extranjero.

En 1893 se repite la historia, en que las dos tendencias liberales se unen entre sí con un solo líder: el general José Santos Zelaya, para subyugar a los conservadores, quienes por treinta años y con su debida alternabilidad hicieron el mejor y más honesto y progresista de los gobiernos en la historia de Nicaragua.

En 1990 todos los partidos de todas las tendencias se juntaron en un solo bloque llamado: Unión Nacional Opositora (UNO ), coalición que derrotó el totalitarismo que se perpetuaba en Nicaragua, el que duró solamente once largos años, cambiando con esta unidad el destino de nuestro país hacia la democracia.

¿ Por qué no unirnos ahora para que todo sea alegría en Nicaragua?, no tanto por el resultado de las elecciones, sino por la unidad que podemos alcanzar en la Asamblea Nacional y terminar con el odioso pacto y poder alegrarnos por Nicaragua de las promesas alentadoras del presidente electo de Nicaragua, quien tiene en sus manos la oportunidad y el compromiso de cumplirlas luciéndose.

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