Durante la Guerra Fría cada tanto un amenazante submarino ruso se aparecía por Uruguay. Se le divisaba —por lo menos su periscopio— desde las costas del Río de la Plata y por unos días era noticia de primera plana y opacaba cualquier otra.
La corroboraban testigos oculares aunque ninguno estaba plenamente seguro de si se trataba efectivamente de un submarino y su periscopio o del lomo de una ballena o la cabeza y cuello del monstruo del Lago Ness que había bajado por estos lares. La oposición y los escépticos decían que era un invento del gobierno de turno —desde donde se filtraba la información— para que no se hablara de la inflación, de la crisis ministerial o de la última devaluación de la moneda.
Hay quienes piensan que el lanzamiento en Argentina de la candidatura presidencial de la senadora Cristina Fernández de Kirchner, para octubre próximo, es una jugada de su esposo, el Presidente, para distraer la atención. Que se trata del submarino ruso que ha inventado Néstor Kirchner para robarle espacio en los medios informativos a algunos tropiezos que ha tenido y a ciertas malas noticias del momento que pueden mellar sus aspiraciones reeleccionistas.
Pero es posible que sea algo más que eso y que efectivamente los Kirchner estén convencidos de que ese es el camino para seguir con el poder, aún conscientes de que las encuestas favorecen más al socio masculino del matrimonio. La oposición “se lame” por la candidatura de Cristina, —quien, se dice, se siente una especie de Hillary Clinton a la Mercosur—, pero eso no cambiaría el esquema: si las elecciones fueran hoy, igual perdería.
Si lo del relevo matrimonial es en serio, es posible también que en ello haya influido lo ocurrido con otras experiencias reeleccionistas a nivel sudamericano. Fujimori y Menen fueron reelectos sin mayores problemas, pero así les fue. En Brasil , tras la reelección de Joao Henríquez Cardoso, se vino con todo la oposición de izquierda con el PT y Lula a la cabeza. Parecería que, como se dice, nunca segundas partes son buenas y menos cuando se gobierna en la primera para poder llegar a conseguir esa segunda. Habrá que ver cómo les va ahora en sus segundos períodos a Lula y Uribe, pero éstos son datos a los que Kirchner no puede esperar: falta menos de un año para las elecciones.
No optar por la reelección ya es bueno en sí mismo para la imagen y liderazgo de Kirchner. Este tipo de renunciación no es muy común en los mandatarios y líderes políticos y menos cuando están en la cúspide de las encuestas. Pero si además sigue en el poder, o muy cerquita, miel sobre hojuelas.
Esta alternancia en el gobierno, que para nada afectaría las posiciones del kirchnerismo, resultaría, entonces, una muy buena fórmula para evitar el desgaste del liderazgo . Además mantiene a Kirchner como reserva para el caso que en esta “segunda parte” las cosas no rueden tan bien. Los electores cuando tienen buenos recuerdos tienden a magnificarlos y son proclives a perdonar algunas debilidades, como la de dejarle el paso a la esposa o ceder ante sus caprichos, y a dar segundos chances (aunque en el caso sería el tercero).
Este tipo de cálculos para seguir siempre arriba se explica: uno de los mayores miedos de los gobernantes con tendencias autoritarias y una clara inclinación a limitar o manipular la información, como es el caso de Kirchner, es dejar el poder y que su gestión sea revisada con ojos críticos. En una circunstancia de ese tipo ¿cómo va a explicar Kirchner el periplo y que todavía no hayan vuelto aquellas centenas de millones de dólares que mandó al exterior en épocas en que era gobernador de Santa Cruz y uno de los mas entusiastas menemistas y ni se acordaba del tema de los derechos humanos?
Hoy Kirchner tiene todas las de ganar. Si se presenta, su reelección es segura. Si opta por su esposa es muy difícil que pierda . Con esta fórmula se asegura otros cuatro años en el poder y demora la vuelta al llano.
Es posible, entonces, que no se trate de un nuevo submarino ruso y que efectivamente sea el resultado de un cálculo bien hecho. Esto es: más o menos bien hecho porque, como dice el tango, toda carta tiene contra y toda contra se da.
Periodista uruguayo