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“Apocalipsis ahora”

Ayer concluyó la Cumbre Mundial del Clima que se celebró en Nairobi, capital de Kenya, donde se discutieron las consecuencias de la concentración global de gases de efecto invernadero, y los esfuerzos que a escala mundial se llevan a cabo para reducir sus consecuencias.

Al respecto la Organización Meteorológica Mundial advirtió por medio del científico noruego Geir Braathen, que “los niveles de dióxido de carbono, el gas de efecto invernadero más abundante en la atmósfera, siguen aumentando y, para los próximos años, no se espera ninguna desaceleración”. Y poco antes de la conferencia de Nairobi, una comisión especial británica creada por el Primer Ministro, Tony Blair, y presidida por Nicholas Stern, antiguo economista jefe del Banco Mundial, señaló que en el curso de las próximas décadas “los efectos negativos del proceso de calentamiento climático que experimenta el planeta podrían costar a las economías del mundo más que la Primera o la Segunda Guerra Mundial y desatar una crisis equivalente a la Gran Depresión de 1929”.

Por su parte, un científico argentino llamado Osvaldo Canziani advirtió que América Latina sería una de las regiones del mundo más afectadas por el cambio climático, ya que “su economía depende especialmente de los recursos naturales y, justamente, son ellos los que recibirían el impacto más fuerte” (La Nación, Buenos Aires, 31 de octubre de 2006). El Informe Stern explica que la Tierra es habitable gracias a que el gas CO2 impide que se pierda una buena parte del calor que el planeta recibe del Sol. Pero el exceso de CO2 en la atmósfera, como consecuencia de la quema excesiva de combustibles fósiles como el petróleo, aumenta excesivamente la temperatura a nivel global. De manera que, “si la comunidad internacional no reacciona ahora mismo en pocas décadas los efectos del calentamiento global costarán el equivalente a entre el 5 por ciento y el 20 por ciento del PIB mundial cada año, de por vida. Por el contrario, tomar acciones hoy representaría el uno por ciento del PIB mundial”.

El Informe Stern asegura también que se adopten medidas urgentes, la temperatura ambiente en todo el planeta subirá unos cinco grados en los próximos 100 años. Y el efecto será como el del huracán Katrina en Estados Unidos, pero intensificado muchas veces. De manera que las víctimas anuales de la sequía o de las inundaciones —en su caso— podrían ser unos 200 millones de personas y a largo plazo “podría desaparecer también el 40 por ciento de la fauna y flora esencial para los ecosistemas del planeta”.

En América Latina, según el mencionado científico argentino Canziani, “en las próximas décadas, en América del Sur habrá una disminución de entre el 15 y el 47 por ciento en promedio de agua de precipitaciones (lluvias), dependiendo del incremento de las temperaturas”. Y agregó que “en un término de 15 a 25 años los glaciares de los trópicos van a desaparecer”. Lo cual significa, además de los millones de damnificados y refugiados por las sequías en unos lados y las inundaciones en otros, que “en 15 ó 25 años la productividad del trigo y del maíz bajará un 13 por ciento, y la del arroz, un 16 por ciento”.

En Centroamérica específicamente, según una científica de la Universidad de Missouri, María del Rosario Alfaro, el calentamiento del planeta provocará grandes inundaciones y sequías, causará la pérdida de fertilidad de la tierra, creará crisis alimentaria y hará que se propaguen muchas enfermedades tropicales.

Cabe señalar que no es la primera vez que se hacen anuncios apocalípticos como estos. Los críticos del tremendismo ecologista recuerdan que a principios del siglo XIX estuvieron en boga las predicciones catastróficas del sacerdote y sociólogo británico Thomas Malthus (1766-1834), de que el mundo colapsaría definitivamente en poco tiempo porque la población aumentaba mucho más rápidamente que la producción de alimentos. Y a mediados del siglo XX, el Club de Roma anunció el pronto e inevitable fin de las reservas de petróleo. Si embargo la producción de alimentos ha aumentado notablemente y las reservas de petróleo también se han incrementado.

Sin duda que el maltrato al equilibrio ambiental causa consecuencias negativas que podrían terminar siendo catastróficas. Pero tampoco estamos ante un inminente Apocalipsis ecológico pues la humanidad siempre tendrá inteligencia y capacidad para reaccionar y seguir hacia delante, progresando en vez de atrasándose.

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