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Beneficios de la libertad económica

La libertad económica no siempre conduce a la democracia pero sin ella no hay ni democracia, ni libertades, ni desarrollo. Libertad económica es la facultad que tienen las personas que viven en sociedades democráticas para dedicarse a la libre comercialización de sus productos, de adquirir propiedad privada y, de esta manera, generar riqueza que redunde en su propio beneficio pero también en el de la comunidad. La democracia opera bajo la máxima de que sin libre mercado no hay desarrollo y así lo demuestran estudios comparativos de organizaciones internacionales. Los elementos que componen el concepto de libertad económica son: la capacidad de escogencia personal, el intercambio voluntario y la apertura de mercados. Como han dicho renombrados teóricos liberales, la libertad de intercambio y la coordinación de mercados son el combustible para el progreso económico. La íntima relación entre la libertad de mercado y el crecimiento económico que beneficia a los pueblos ha sido magistralmente expuesta por Joan B. Taylor, subsecretario para Asuntos Internacionales del Departamento del Tesoro de los EE.UU., quien compara los países cuya libertad económica les ubica entre los primeros cinco lugares con los que ocupan los últimos cinco y llega a las siguientes conclusiones estadísticas: (1) el ingreso es nueve veces mayor; (2) la expectativa de vida es 22 años mayor; (3) el alfabetismo entre adultos es casi 17 por ciento más alto; (4) la mortalidad infantil es nueve veces más baja y (5) la gente tiene un 36 por ciento de más posibilidades de tener acceso a agua potable.

Ian Vásquez, director del proyecto sobre la Libertad Económica Mundial del Cato Institute, en Washington, D.C., dice en un artículo aparecido en diciembre del 2005 en la revista electrónica Issues of Democracy: “La libertad económica permite la existencia de fuentes de riqueza independientes que sirven tanto para equilibrar el poder político como para alimentar una sociedad pluralista”. Esto es importante pues significa que sin libertad económica difícilmente se puede hablar de otras libertades. Milton Friedman —citado por Vásquez en el mismo artículo— premio Nobel de Economía 1962, dice: “La historia habla con una sola voz de la relación entre la libertad política y el libre mercado. No conozco ningún ejemplo de una sociedad que se haya caracterizado por su gran libertad política y que no haya empleado asimismo algo parecido al libre mercado para organizar la mayor parte de su actividad económica”.

El fracaso de las economías centralizadas en los países del extinto bloque comunista en Europa así como en Cuba y en la Nicaragua de los años ochenta, es prueba fehaciente de la relación entre libertad económica y desarrollo. En los últimos dieciséis años de democracia y apertura de mercado que ha gozado Nicaragua, el país ha alcanzado la estabilidad macroeconómica que es la base indispensable para que el desarrollo llegue a los pobres, que es una de las metas principales de la democracia. A esto apuntan los organismos financieros internacionales que están exhortando a los Estados y a la empresa privada a aumentar los niveles de inversión social.

Por otro lado, hay estudios específicamente destinados a evaluar la contribución de la libertad económica a la paz. Éstos demuestran una relación entre los conflictos armados que hay en el mundo y la libertad en las relaciones económicas señalando que “la economía funciona hasta cierto punto de regulador político, ya que los actos que amenazan las libres relaciones económicas, como puede ser una guerra, hacen huir los capitales, lo que deprime la economía doméstica con efectos negativos para la estabilidad política”. En consecuencia, tienden a evitarse. Además, el comercio internacional permite que los Estados y sus ciudadanos adquieran los bienes necesarios del exterior sin la necesidad de extender el territorio propio por medio de la guerra.

La liberación de la economía implica pérdida de control estatal a favor de los individuos. Por eso los gobiernos totalitarios atacan la libre empresa. Pero también por eso fracasan. China es un ejemplo de un gobierno totalitario que ha entendido la relación entre libertad económica y desarrollo y ha optado por aquella, aunque de manera limitada. Aun así, los resultados son asombrosos. Sólo los gobiernos que renuncian al control de sus ciudadanos pueden ofrecerles mejores condiciones de vida.

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