Managua
01:27 am
10.11.06
Regístrese gratis aquí  |  Administre su perfil de usuario  |   
Portada
Última Hora
Política
Nacionales
Economía
Campo & Agro
Regionales
Editorial
Deportes
Sucesos
Internacionales
Opinión
Revista
Vida Social
Cartas al Director
Caricaturas
Agenda de Eventos
Eventos Empresariales
Tecnología
Religión y Fe
Mosaico
Entrevista
Enfoque
Hablemos del Idioma
Noticias >> Opinión
Recordando a María José Bravo
Noelia Sánchez Ricarte
La autora es periodista

Estas elecciones que recien-

temente concluyeron me recordaron a mi amiga María José Bravo Sánchez. Probablemente hubiese sido la segunda cobertura electoral en su vida periodística. El recién pasado 5 de noviembre recordé una a una las llamadas que me hizo María José hace dos años, cuando se elegían autoridades municipales.

“Póngase viva amiga que falta la ponchadora, ya me voy en taxi a realizar mi recorrido. Suerte”, me dijo hace dos años María José. Su eufórica llamada me causó gracia porque percibí en ella tanta emoción por el trabajo que ese día realizaría.

Jamás imaginé que tras ese día la tragedia llegaría a nuestras vidas. Poco antes de su muerte, el 9 de noviembre de 2004, logré conversar con María José y nuevamente el tema central fueron las elecciones.

Me comentó que el día anterior había dormido en el centro departamental de cómputos, ubicado en Juigalpa, Chontales, esperando los resultados de lo que había sido una elección plagada de anomalías. Mi primer impulso fue decirle que se fuera a descansar.

Me dijo que sí, que pronto iría a su casa a reunirse con su familia. Pero no lo pudo hacer, por lo menos no como lo planeaba. A María José la mataron justo en el momento en que se marchaba del centro de cómputos.

La noticia fue devastadora para quienes la quisimos y seguimos muy de cerca. Aún después de dos años, la herida duele muchísimo. El vacío es más que evidente para la familia de María José que ni siquiera ha tenido el valor de colocar un solo retrato de ella en su casa.

El pequeño Néstor José, su único hijo, crece preguntando de vez en cuando dónde está su mamá, “la que se llama María José”. La pregunta se queda muchas veces sin respuesta. Ni su abuelita, ni su tía, a la que ahora llama mamá, están preparadas para responder esa inocente interrogante que provoca destrozos en el corazón de ambas.

Jamás hubiese deseado que pasara esto, menos con una persona tan querida y especial. Y espero que hechos como éste, en el que predominó la intolerancia política, el desamor para con el prójimo y los actos desmesurados y sin conciencia, jamás vuelvan a causar dolor en una familia tan unida y llena de amor.

Una preocupación más asoma entre la familia de María José. El hecho de que el autor de este asesinato quede en libertad es de momento algo que intranquiliza a todos. Si esto ocurre, la poca paz que encontró esta familia en la justicia (tras un veredicto de culpabilidad para ese ciudadano) se vería trastornada.

A través de estas sencillas líneas, impregnadas de amor e imborrables recuerdos de María José, quiero hacer llegar a la familia de mi amiga mi cariño sincero y mi deseo porque el dolor, poco a poco sea más llevadero. Tal vez Néstor José sea el bálsamo que alivie esas heridas tan profundas que nos dejó la desaparición física de mi joven amiga.

No estuve por allá ayer que se conmemoró el segundo aniversario de la muerte de María José, pero espero que su familia sienta mi calor y mi cariño sincero a través de mi presencia espiritual. Estoy siempre con ustedes.

Noticias Servicios Suplementos Especiales Publicidad Enlaces
Mapa del Sitio Nicas en el Exterior Contactos Ayuda
©LA PRENSA 2009 Aviso legal Política de privacidad Consultas y Sugerencias
Manual de Estilo de LA PRENSA
Fotorreportajes
Sucesos del 2006: Nicaragua
Búsqueda