Después del cuarto informe del Consejo Supremo Electoral la posición de los candidatos presidenciales se leía así: licenciado Eduardo Montealegre (ALN) 30.94 por ciento; doctor José Rizo (PLC) 22.93 por ciento; y el triunfador, bachiller Daniel Ortega (FSLN) 38.59 por ciento.
Con esos datos puedo llegar a la básica conclusión de que la suma de los dos contendientes que supuestamente se guiarían por la consigna de “último recurso en la conciencia” de “Nicaragua primero”, da un total de 54 por ciento más o menos. Con este total no hubiera habido dudas de que el voto por el progreso hubiera triunfado una vez más y el “perenne candidato” no hubiera tenido más remedio que colgar sus guantes de una vez por todas, pues ni el petróleo de Hugo Chávez había influenciado el voto.
Nada de esto privó. Pudo más la ambición por el poder que la lógica por mantener los adelantos que se habían logrado aunque sea en medio de tanta corrupción que con ciertos controles se pudieran haber erradicado. Es increíble la capacidad negociadora de dos profesionales “doctores” en sus respectivas ramas y uno de ellos graduado en la famosa universidad de Harvard, al no poder llegar a entenderse entre ellos, pues ambos estaban plantados en sus creencias y razones personales y políticas y les importó un bledo sacrificar a su pueblo progresista y enterrarlo a un futuro incierto.
Lo más probable es que se culpen entre ellos por el resultado, pero eso estaría bien si habláramos de niños o adolescentes, pero estamos hablando de personas educadas y preparadas a un nivel que muchos sueñan con llegar. ¿O es que no les enseñan a negociar en Harvard y otras universidades de alto nivel? Como dice el refrán: “Más sabe el diablo por viejo, que por diablo”. O no quieren admitir que se las ganó el bachiller con su sabiduría ganada por la división de los sabelotodo que tienen la solución para todos los problemas.
También otros dicen que es más fácil criticar que resolver el problema, o como decimos nosotros, “no es lo mismo verla que platicar con ella”. Pues bien, si hubiese estado yo en el lugar del doctor Montealegre, sabiendo que mi contrincante, el doctor Rizo, deseaba tener el poder por las razones para él imperativas pues no cedió ante las encuestas que lo tenían abajo entonces, yo le hubiera ofrecido al señor Rizo que él se postulara para presidente y yo para vicepresidente y así hubiéramos barrido las elecciones en primera vuelta.
Lógicamente que acabado el término del doctor Rizo como presidente, yo como doctor Montealegre a continuación hubiera lanzado mi candidatura y con la trayectoria que tendría sería segura la victoria y la continuidad del progreso y la democracia.
A los futuros contendientes en la política de Nicaragua les sugiero que se rodeen de asesores con capacidad de ver el futuro de su país y no el futuro personal, pues no es correcto ver que la suma arriba mencionada fue derrotada por el divisionismo y la falta del conocimiento de la habilidad de saber “negociar”, sirviéndole así en una bandeja de oro a su adversario el poder que nunca fue ganado por el voto de la mayoría de los nicaragüenses.
Aún yo, como inversionista retirado por algún tiempo había contemplado igual que muchas otras personas con las que he platicado la posibilidad de invertir después de las elecciones, como si esa fuera una raya o fecha imaginaria para poder iniciar o seguir invirtiendo en el desarrollo del país, mi pregunta como la de todos ellos sería: ¿Y ahora qué? ¿Continuará el libre comercio o será el ALBA?