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Derrotados pero no acabados
Marlon Navarrete Espinoza
El autor es Ingeniero Agrícola

Después de conocer la tendencia irreversible del triunfo de Daniel Ortega es visible el sentimiento de pesar, de tristeza y de incertidumbre en la mayoría de la población.

Pero no todo está perdido ya que los demócratas, los liberales tienen una victoria moral por cuanto más del 62 por ciento de la población no es sandinista y se hizo presente en decir no a la dictadura, no a la tiranía de izquierda, no al pasado y el pueblo que hizo el sacrificio de ir a votar pacientemente en gran cantidad con nobleza puede ver que su voto no fue desperdiciado porque gracias a ese voto demócrata es que el sandinismo va a gobernar con una minoría; es decir que Daniel Ortega será Presidente de una minoría pero no de las grandes mayorías de Nicaragua que no se identifican con él ni con su doctrina radical ni lo harán nunca.

La lección ha sido dura pero necesaria, se veía venir que la división del voto sería fatal para los demócratas y en especial los liberales. Sin embargo uniendo ambas tendencias liberales que corrieron divididas, juntas suman el 54 por ciento del electorado nacional y eso es y será siempre una mayoría aplastante contra las aspiraciones de cualquier totalitarismo.

Es necesario dejar a un lado los reproches que ya nada resuelven, las actitudes absolutistas, egoístas y oportunistas. Que los partidos no sean como propiedad de una familia o de un solo hombre, sino una institución de servicio al pueblo y también se hace necesaria una mayor apertura en los liberales PLC y ALN para no cerrarle las puertas a nadie y fomentar en la democracia. Sólo unidos podemos derrotar al adversario, no divididos, ésta es una regla que de ahora en adelante es el norte que no se debe ignorar.

El pueblo democrático y liberal, el que no tiene partido, que hoy sufre, que se siente desamparado y desprotegido, debe ser que no está solo ni abandonado. Sabemos que el FSLN y Daniel Ortega tiene vocación de dictador y fue un dictador en el pasado, sus bases actúan con desmedida vulgaridad, irrespeto y atropello contra los ciudadanos y las leyes de este país, tiene a los órganos judiciales y cuerpos castrenses que gustosos, haciendo la vista gorda, sin aplicar la ley a ningún sandinista, podrían obedecer órdenes de reprimir al pueblo en nombre de la revolución, el proyecto socialista que tanto nos hizo sufrir en los ochenta y desea imponerlo por la fuerza.

Ortega puede, ya en el poder, llamar a un consejo de ministros fácilmente sumisos y declarar un estado de emergencia, suspendiendo indefinidamente al parlamento y las garantías individuales, así como los derechos ciudadanos consignados en la Constitución y de esta forma gobernar sin tropiezos para aplastar cualquier oposición y suprimir las libertades y derechos que tanta sangre y dolor le han costado a los nicaragüenses.

Una vez más repito que sólo la unidad nos hará fuertes y libres, no importa que ahora estemos derrotados pero no estamos acabados, estamos afligidos pero no desalentados, estamos preocupados pero no desesperados, estamos tristes, pero no vencidos. El horizonte de Nicaragua es la paz y la libertad, la democracia y la unidad nacional.

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