El presidente estadounidense George W. Bush, debilitado políticamente por el triunfo absoluto de sus adversarios para los restantes dos años de gestión, asumió este miércoles la responsabilidad de la derrota de su Partido Republicano en las elecciones legislativas del martes e instó a los líderes de su agrupación a trabajar en conjunto con la nueva mayoría demócrata.
“Fue una paliza”, admitió Bush en una rueda de prensa, un día después de las elecciones. “Obviamente estoy decepcionado con los resultados”.
Luego de un comienzo tenso, Bush adoptó un tono relajado, reflexivo y burlón a lo largo de una conferencia de prensa de 44 minutos en la Casa Blanca, un día después de sufrir la peor derrota en su vida política.
“Pensaba que nos iría bien ayer (martes)... pensaba que nos iría bien en la elección”, dijo Bush.
“Obviamente estoy decepcionado con el resultado de la elección y como cabeza del Partido Republicano, comparto gran parte de la responsabilidad”, dijo el presidente, ahora debilitado para los dos años que restan de su mandato, pues enfrentará a un Congreso hostil que bloqueará su agenda política o que tratará de imponer la propia.
Desde enero, cuando comience la nueva legislatura, Bush será un “lame duck” o “pato cojo”, un mandatario con un poder político debilitado, según la lengua coloquial en EE.UU.
“La guerra en Irak pesó” en la derrota republicana, aseguró el mandatario, pero “creo que hubo otros factores”, como una serie de escándalos de corrupción.
La caída del secretario de Defensa Donald Rumsfeld es un reconocimiento de que los votantes han penalizado a los republicanos por la política del Gobierno en Irak y de que el balance de poder en Washington ha cambiado, según los analistas.
Su desencanto con la situación en el país mesopotámico, confirmado en todas las encuestas, ha resultado en un vuelco radical en el Congreso y ha dado además a los demócratas la mayoría de los puestos de gobernador del país por primera vez desde 1994.
El partido de la oposición se llevó la Cámara de Representantes con holgura. Necesitaban robarles a los republicanos quince escaños para ganar la mayoría y lograron 27, con 12 puestos aún por decidirse.
Este resultado ha superado las propias expectativas de los demócratas y catapultará a Nancy Pelosi a la presidencia de ese órgano, que ocupará una mujer por primera vez.
En el Senado, la batalla por el poder se libró cuerpo a cuerpo. Los demócratas les han arrebatado a sus contrincantes seis escaños adicionales.
Con un triunfo en Montana, los demócratas habían logrado, como mínimo, un empate en el reparto de asientos en la cámara alta, ya que dos independientes han prometido votar con ellos.
La pieza determinante del rompecabezas de poder del Senado resultó ser Virginia, donde el demócrata Jim Webb le sacaba una ventaja de casi 7,000 votos al republicano George Allen, con el 99 por ciento de las papeletas contabilizadas.
Webb se declaró vencedor en la madrugada, pero Allen no reconoció su derrota y pidió un nuevo recuento, pues el margen de diferencia no llegaba al 1 por ciento.
Sin embargo, el recuento no arrojó mayores diferencias, según reportes de prensa anoche.
Ante este resultado, los demócratas cuentan ahora con 51 miembros en la Cámara Alta, mientras que los republicanos tienen 49. Además, desde enero habrá dos independientes, que los demócratas cuentan como suyos a la hora de votar.
Si al final hubiese habido un vuelco en Virginia y Allen hubiese ganado, ambos bloques habrían tenido 50 senadores.
En ese caso, el vicepresidente de EE.UU., Dick Cheney, en virtud del cargo de presidente del Senado que le reserva la Constitución, rompería el empate en las votaciones, por lo que los republicanos habrían mantenido la voz cantante.
Donde está confirmada la mayoría demócrata es entre los gobernadores . El martes se elegía a los gobernadores de 36 de los 50 estados y los demócratas se llevaron 20 puestos.