Se ha ido a votar a las elecciones presidenciales, porque se tiene la esperanza de llegar a disponer de un futuro mejor, de tener la oportunidad de ver resueltas las necesidades más sentidas, mientras se establece al respeto como la base para el desarrollo de toda relación.
Ojalá que quien resulte electo sepa entender esas necesidades de las mayorías y trabaje en función de resolverlas. Es urgente reducir la pobreza, crear empleos y respaldar con determinación los sistema de salud y educación, sin los cuales es impensable el crecimiento como nación.
El deporte nacional y, sobre todo, los deportistas tienen también ese deseo. Necesitan ser tomados en cuenta y respaldados, no con un boleto y un patrocinio a la hora de un viaje, sino mediante políticas públicas que les aseguren un desarrollo sistemático que los lleve a convertirse en referentes para la sociedad.
Es una pena que los últimos gobernantes no hayan mostrado el más mínimo interés por el deporte, mientras se excusan señalando que existen otras prioridades que atender como la salud y la educación. Pero ahí están los hospitales en una situación caótica y la creciente cantidad de niños sin acceso a las escuelas.
Y mientras eso sucede, el deporte vive su peor crisis, en medio de un abandono total, acentuado por una dirigencia que no es sujeta de crédito y que ha sido incapaz de presentarlo como una opción atractiva para la empresa privada, que prefiere patrocinar una telenovela cargada de antivalores, que un evento forjador de talentos.
Respaldar al deporte no es un gasto en saco roto, es una inversión que traerá como resultado mejores y más saludables ciudadanos. El deporte es forjador de valores como la solidaridad, respeto y trabajo de equipo. En el deporte también se aprende a perder, una asignatura aún pendiente en el espectro político nacional.
Ojalá el nuevo presidente deje de ver al deporte con ese sentido lastimero con que se le ha visto en los últimos años. Más allá de cualquier diferencia de cualquier tipo, el deporte aún nos une. Vale la pena rescatarlo.