Estamos en el momento final de un período electoral que todos o muchos queremos que llegue a un feliz término. Hemos visto cierres de campaña multitudinarios y con discursos muy diferentes. Unos con la clásica verborrea de seguir ofreciendo cambios hasta quedarse sin voz, y otro, consecuente con su campaña, sigue pidiendo la confianza en el voto para su partido y pidiendo que le demos la oportunidad de gobernar en paz. ¿A quién le hemos creído? Obviamente esto depende de cada persona, y en cada una hay que tomar en cuenta su modo de pensar, sus ideales, sus aspiraciones políticas, etc. Alguien me decía que si al discurso de uno de los candidatos le quitamos la imagen y se lo damos a alguien que no sabe de dónde procede seguro que votaría por él. Pero la realidad es que no podemos despegar a la persona de sus actos y hay que tomar en cuenta la biografía del personaje en cuestión. Es cierto que toda persona tiene derecho a rectificar y probar su honestidad y demás buenos deseos, pero con prudencia, según haya sido su antes y su ahora. La gran pregunta es qué grado de oportunidad hay que darle.
Me parece muy difícil que una persona que no ha dado señales de cambios en su itinerario de vida los vaya a dar de golpe al llegar a un puesto público. La verdad no me lo creo. No pretendo ahora argumentar a favor de uno o de otro, sino más bien reflexionar en la importancia de vivir ese valor que es el patriotismo, de cara a los acontecimientos de hoy.
Patriotismo es el valor que procura cultivar el respeto y amor que debemos a la Patria, mediante nuestro trabajo honesto y la contribución personal al bienestar común. Tal vez para muchos el ser patriota consiste en el orgullo de haber nacido en un país rico en recursos o de gran tradición cultural; para otros significa portar los colores nacionales en un evento deportivo o en un viaje al extranjero; algunos más sólo sienten pertenecer a su país en la fecha de una celebración nacional. Cabe cuestionarnos si el verdadero patriotismo se vive o es un sentimiento ocasional y por tanto pasajero. La conciencia parece despertarse cuando aparecen los desastres o unas votaciones difíciles, como ahora, pero pasa y volvemos al ritmo de vida habitual. No es posible esperar la aparición de calamidades para darnos cuenta de nuestra capacidad de entrega y trabajo gustoso por los demás.
¿Pero cómo lograr ser patriota en un país que sólo tiene problemas de todo estilo? Son muchos los argumentos (excusas) que podemos enunciar para eludir esta responsabilidad: economía, seguridad, desarrollo, inseguridad, falta de inversión, conflictos internos, decadencia cultural, falta de valores... pero debemos asumir que el desarrollo y construcción de un país se logra con el esfuerzo y trabajo personal, sumado al de todos los compatriotas.
El patriotismo se manifiesta por los valores que transmitimos como ciudadanos conscientes: trabajo, conducta, modales, respeto a las normas y costumbres, pero podemos suponer que de poco sirve tener una actitud recta cuando se transige con la trampa, el abuso y la pereza. El verdadero patriota puede quejarse de su nación observando sus errores y deficiencias, pero al mismo tiempo busca y propone los medios para poder resolverlos, pues de poco sirve contemplar como el país se hunde cada día más o toma un rumbo equivocado sin que hagamos algo al respecto.
La manera de comenzar a vivir y transmitir a los demás la importancia de vivir este valor no se logra necesariamente con grandes campañas, todas son muy buenas e indispensables, pero se necesita del trabajo y esfuerzo diario de cada uno de nosotros. ¿Cómo adquirir esa conciencia de unidad y pertenencia? Realiza tu trabajo con dedicación y esmero, es lo más justo y necesario para ser productivos; preocupate por el cuidado del medio ambiente; pagá tus impuestos, si te corresponde; acudí a las urnas a votar; no menospreciés todo aquello que tu país te facilita: escuela, comunidad, servicios, costumbres... Si no sos capaz de respetar tu entorno, jamás se despertará en voz el amor a la Patria.
¿Cumplís con todo esto y más? Excelente, pero no olvidés que además de vivirlo personalmente y con tu familia, debemos mostrar y enseñar a la gente a realizarlo con ilusión, demostrando que somos capaces de vivir en paz y de ser felices construyendo el país que nos pertenece.