Hombres enmascarados patrullan las entradas de la universidad armados con bates y bombas incendiarias, los céspedes están rodeados de alambradas y llenos de trampas y la estación radial estudiantil transmite llamados a enfrentarse a las autoridades.
La universidad pública de 30,000 estudiantes en esta ciudad sureña mexicana ha sido transformada en un bastión de los manifestantes que tratan de conseguir la salida del gobernador del Estado de Oaxaca, un conflicto que ha dejado al menos nueve muertos.
No hubo clases esta semana, solamente conversaciones sobre revolución, la preparación de armas rústicas y choques con la Policía.
La universidad ha sido siempre un centro de pensamiento progresista, así que es natural que se haya convertido en el centro de nuestra revuelta, dijo a The Associated Press el líder de la protesta, Flavio Sosa, que está acusado de conspiración y disturbios.