La ciudad mexicana de Oaxaca estaba el viernes en calma, pero el grave conflicto social está lejos de resolverse después de la batalla campal del jueves, que obligó a la policía federal a replegarse, acorralada por manifestantes que piden desde hace meses la renuncia del gobernador Ulises Ruiz.
La moral de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO), que agrupa a las organizaciones que exigen la renuncia del gobernador, se elevó sensiblemente tras obligar en la víspera a replegarse a cientos de policías enviados por el gobierno federal, en medio de duros enfrentamientos en la zona de la Ciudad Universitaria.
Los choques del jueves dejaron al menos 74 lesionados, diez de ellos policías, y una treintena de detenidos.
La dirigencia de la APPO (izquierda) hizo un llamamiento tras la retirada de la policía para levantar de nuevo por toda la ciudad las barricadas que habían sido instaladas durante la semana, y según su portavoz, Florentino López, la noche del jueves ya había 1,500 por toda la ciudad.
Sin embargo, nadie ha visto nuevamente esas barreras, que durante meses habían dejado semiparalizada la ciudad y la administración pública, y que ahora parecen haber desaparecido de prácticamente toda la ciudad, ubicada 450 km al sur de la capital mexicana.
Según los críticos de la APPO, las barreras fueron retiradas por los vecinos, y según los simpatizantes de la APPO, por grupos organizados de militantes del partido de Ruiz, el Partido Revolucionario Institucional (PRI).