Ignacio Ramonet se ha convertido en un refe-
rente intelectual ineludible de nuestra época. Para alcanzar esta posición se ha dedicado a pensar, a escribir y a proponer alternativas de diversa índole a las propuestas cerradas e incuestionables que con un gran acierto denomina como el pensamiento único.
La aparición de Un mundo sin rumbo, crisis de fin de siglo (1997), marcó una ruptura y significó una nueva manera de comprender el alcance y significado de lo que acontecía en el mundo como resultado de la revolución electrónica y los cambios que ocurrían en el entorno mundial, sobre todo en el ámbito financiero especulativo internacional. El nuevo paisaje que se abría en el mundo como resultado de la globalización es encarado de manera frontal. Con certeza marcaba que entrábamos a la neo hegemonía americana y todas sus implicaciones. Para salvar el mercado Occidente ha aceptado sacrificar la democracia. Se olvidaba que la principal ambición de la democracia es luchar contra la pobreza, la injusticia y la inequidad.
Sus juicios y apreciaciones sobre lo que juega en torno al mundo de la comunicación son severos. Los cambios experimentados en el ámbito de la economía también forman parte de sus preocupaciones centrales. Su visión sobre el vértigo tecnológico es amplia y crítica. Destaca que la empresa global de hoy ya no tiene centro, es un organismo sin cuerpo ni corazón con diferentes elementos diseminados a través del planeta, articulados según una racionalidad económica que únicamente obedece a la rentabilidad y productividad.
Los anatemas de Ramonet sobre los medios son de lo más duro. En esta nueva etapa el comportamiento de los medios será juzgado con severidad por el tratamiento que brindan a la ruptura económica, financiera y política que constituye la mundialización de la economía. Pero contrario a lo que algunos pueden suponer, para Ramonet la mundialización no es una fatalidad inexpugnable ni un accidente de la historia. Se planta sobre este acontecimiento y expresa la necesidad de confrontarla, es decir de civilizarla. A fin de cuenta se trata de resistir políticamente a esta oscura desilusión de la política.
Citando a Marc Blondel, sindicalista francés, expresa que hoy en día los poderes no son más que subcontratados de la empresa. El mercado gobierna, el gobierno gestiona. Se quiera o no uno de sus aciertos intelectuales más importantes es haber denominado al pensamiento neoliberal dominante como pensamiento único. Despliega con abundantes cifras que los gigantes de la informática, la telefonía y la televisión están convencidos y fascinados por las cuantiosas ganancias que deja la tecnología digital. El mundo actual está gobernando de un extremo a otro del planeta por los grandes conglomerados de la comunicación cuyo propósito es convertirse en los únicos interlocutores del ciudadano común. Su pretensión es dominar a través de fusiones y adquisiciones el mundo contemporáneo.
Tal vez donde Ramonet se muestra más centrado en el tema de la comunicación es en su texto La tiranía de la comunicación (1998). Un texto provocativo, aleccionador y desafiante en el que en un mundo tan cambiante por las nuevas tecnologías se interroga ¿qué significa ser periodista hoy? Cuestiona su existencia. Está convencido que la relación entre la prensa y poder, objeto de debate permanente, hoy cobra una nueva dimensión. Pero en sus conclusiones, como en una gran diversidad de ensayos y conferencias, pone en duda que la información todavía constituya el cuarto poder. En su rejerarquización del poder, el poder mediático pasa a ocupar el segundo lugar entre los distintos poderes. Refleja la desconfianza de la ciudadanía en relación a la prensa.
Sus juicios sobre la ideología del telediario son duros. Las razones son obvias: simplificación y síntesis seguidas por el triunfo de las leyes del espectáculo y la entronización de la imagen. Énfasis en la anécdota, el escándalo y la acción. Juzga y ve al telediario como un género en crisis. Muy aleccionador su ensayo sobre conflictos bélicos y manipulación de la mente, en el instante en que los grandes medios se han convertido en los principales aliados en las guerras del siglo XXI.
Leer a Ramonet, detenerse a analizar su obra, encarar sus ensayos y explorar su pensamiento constituye una zambullida refrescante en un mundo en que, como él lo pregona, el pensamiento único quiere sustituir nuestro derecho a pensar y actuar por cuenta propia. Estamos frente a un autor muy siglo XXI sin cuya lectura resultarían incomprensibles parte de los acontecimientos más importantes que se suceden en todos los órdenes en el mundo actual. Para un estudiante universitario, ahora que él apuesta a las universidades en el campo de la comunicación, su lectura es placentera, si aceptamos la afirmación de Jorge Luis Borges de que no existe otra forma de lectura que la del placer.