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La doble pobreza
Douglas Carcache

Nicaragua necesita salir de la pobreza material, pero será difícil conseguirlo si la ciudadanía sigue atrapada por la pobreza mental. En las universidades públicas de Managua el “modelo” de estudiante que más han proyectado en los últimos años, por lo que se ve en la calle o en los medios de comunicación, es el del joven encapuchado que lanza morteros a la Policía, quema buses o arroja piedras contra ventanales de vidrio de las tiendas por puro gusto, porque sus demandas pueden ser resueltas sin violencia.

Ese vandalismo lo reproduce la televisión durante horas y estos grupos juveniles —¿otro tipo de pandilla?— se regocijan, como actores de Hollywood, con sus “hazañas” cada vez más peligrosas contra la gente indefensa y contra la propiedad privada. ¿Estamos ante otra expresión de terrorismo? Un bus cargado de personas, incluidos niños, pasa junto al centro comercial El Zumen y aparece una turba de estudiantes que lo ataca con piedras que rompen las ventanas y llueven sobre los pasajeros aterrorizados que se lanzan al piso y luego salen de arrastras. Los vándalos toman el bus y lo queman. Han sembrado el terror que querían. Los niños lloran, mujeres y hombres mascullan su rabia en medio de la indefensión.

Pero no son acciones de simples jóvenes rebeldes, sino que detrás hay una maniobra política y es fácil comprobarla: El líder principal de la violencia estudiantil en los años recientes, Yasser Martínez, acaba de ser elegido como candidato a diputado por el partido Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN).

Entre los precandidatos a diputados sandinistas, que se postularon por la ciudad de Managua, Martínez fue el segundo en recibir más votos. O sea que los miembros y militantes del FSLN que les eligieron, consideraron loable la conducta política y social del cabecilla de las protestas estudiantiles, como para que les represente en la Asamblea Nacional.

Parece que la organización de asonadas, con dos o cuatro buses quemados y unas cuantas personas heridas por año en Managua, es el mérito de Martínez para ocupar una posición tan importante en la lista de candidatos del FSLN, ya que al ser entrevistado por periodistas ha mostrado poco conocimiento de los temas más importantes del país.

LA PRENSA le hizo preguntas en septiembre del 2005 sobre el tratado de libre comercio entre Centroamérica y Estados Unidos (Cafta) y él respondió que le parecía malo, porque “va a privatizar las universidades”. ¿Qué parte del tratado dice eso?, inquirió la reportera. “Bueno, no lo dice, pero las universidades están excluidas”, dijo él.

¿Ha leído el tratado?, insistió LA PRENSA. La respuesta del hoy candidato a diputado fue tajante: “Yo creo que ni la ministra lo ha leído... Yo he leído sólo lo negativo del acuerdo”. De inmediato, para justificar su ignorancia, el líder de las revueltas universitarias agregó que el tema del Cafta era un tabú: “El Gobierno y los gringos le están pagando a algunos de los diputados de la Asamblea Nacional para que lo tengan mal divulgado”.

Es así como algunos pasan de la violencia callejera a la política y deciden después qué es lo más importante para Nicaragua. ¿Seguirá el país bajo ese síndrome de destrucción? Pensemos bien antes de noviembre.

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