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Cómplices del pacto
María José Zamora
La autora es sicóloga

Una derecha pusilánime y entreguista; un gran capital en su mayoría poco comprometido con el desarrollo integral del país; una sociedad que en general practica unos valores trastocados, donde las personas valen por el dinero que tienen y no por su calidad humana; y una clase política dominada por politiqueros mercantilistas que justifican sus mentiras, traiciones y actos deshonestos y “camaleónicos”, con el insensato dicho de que “en política hasta los ríos se devuelven”, son algunos de los factores que en mi opinión han contribuido al fortalecimiento y vigencia del pacto Alemán-Ortega.

Si en Nicaragua existiera verdadera conciencia social, cívica y moral, a estas alturas no habría duda entre los electores llamados demócratas, respecto a cuál de los candidatos apoyar. El temor que muchas personas expresan se basa en el concepto de la división del voto democrático, con el consiguiente triunfo del partido rojinegro. La división del llamado voto democrático no existiría si no estuviera vigente el pacto Alemán-Ortega, puesto que la mayoría de los votos serían depositados en favor de la alianza de los partidos no sandinistas, como ha ocurrido en todas las elecciones anteriores. Sin embargo, en estas elecciones entra la variable pacto, de cuya capacidad de corromper la institucionalidad y obstaculizar a su máxima expresión la gobernabilidad del país, han sido testigos el Poder Ejecutivo y la ciudadanía, pero que a pesar de esta experiencia ha logrado socavar la solidez del voto democrático.

Tienen poca memoria y cero intuición, quienes ahora creen o dicen creer que Alemán y Ortega están distanciados debido a la contienda electoral, o que las encarnizadas disputas entre liberales y sandinistas a lo interno de todos los poderes del Estado, que ellos mismos acordaron repartirse, son verdaderas. Puedo comprender que personas fanatizadas crean la falacia de que el PLC y el FSLN tienen intereses opuestos; pero me resisto a aceptar que esto suceda también con la mayoría de nicaragüenses que han sido testigos de los nefastos acuerdos del pacto y víctimas de su descarada ejecución por parte de las cúpulas de estos partidos.

Considero que el plan conjunto Alemán-Ortega, de entregarle el próximo período presidencial a este último, inició con las elecciones municipales; ocasión en la cual el PLC hizo lo posible por conseguir el rechazo de los electores al no aceptar unirse a las otras fuerzas democráticas y postular, en conjunto, a los candidatos más populares. No se necesita hacer un análisis muy profundo para vislumbrar que para las elecciones presidenciales están desarrollando la misma estrategia. Si no es así ¿Por qué expulsaron del PLC al candidato más popular que tenían tanto dentro como fuera de su partido? ¿Por qué no aceptaron participar en unas primarias interpartidarias antes de cerrarse el período de inscribir las alianzas electorales? ¿Por qué, con todas las pruebas presentadas nacional e internacionalmente contra Arnoldo Alemán, la justicia sandinista todavía no declara firme su sentencia condenatoria? ¿Por qué los diputados del PLC continúan boicoteando la aprobación de leyes que benefician al país, para evitar que el actual gobierno cumpla con su plan y así pretender justificar las protestas violentas y delictivas de las agrupaciones sandinistas? Todas estas preguntas tienen la misma respuesta: Porque Arnoldo Alemán y sus colaboradores ilusamente han creído en la palabra de Daniel Ortega, quien posiblemente les ha ofrecido compartir su triunfo, sobreseer a Alemán y volver a cogobernar en corrupción absoluta.

Quienes por temor a que gane el FSLN apoyan al PLC son los que dividen el voto democrático, porque si el candidato de la ALN tiene mayoría en las encuestas, lo sensato y lógico es apoyarlo a él. El PLC ya tuvo la oportunidad de trabajar en beneficio de Nicaragua, pero contrario a esto, pisoteó las posibilidades de un mejor futuro a corto plazo y revivió al monstruo de la desesperanza y la guerra.

Como ciudadana responsable y solidaria con los más desprotegidos, no puedo votar por aquello que por experiencia propia sé que ha hecho daño al país, no puedo votar por la mentira, el abuso en el poder, el latrocinio, el asesinato, la violencia, el chantaje, la venganza, la ambición enfermiza, la deshumanización, el egoísmo, el irrespeto, la inmoralidad y la burla a un pueblo que tiene derecho a vivir en paz, libertad y progreso.

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