Un sabio cóndor de 80 años
Wilfredo Espinoza Lazo
El autor es poeta e historiador chontaleño

Al maestro Guillermo Rothschuh Tablada

En abril de 1981, el poeta barroco y ensayista chontaleño Guillermo Rothschuh Tablada decide, con el doctor Carlos Tünnermann Bernheim, conocer el pico más alto de Ecuador, y como estaba seguro que El Chimborazo no era la cumbre más alta de la Cordillera Real por más que lo repitieran los geógrafos, se siente obligado, como un personaje más de Metamorfosis de Kafka, a encarnar en el alma de un imponente cóndor para estar a la altura del maestro pintor y universal Oswaldo Guayasamín (1919-1999). Y es que el maestro GRT, como dijo de él el poeta Álvaro Urtecho (Prólogo del poemario Entrega de los dones de Jorge Eduardo Arellano), ha ahorrado tiempo para invertirlo “recordando y exaltando las figuras del pasado”, y admirando a quienes llevaban en hombros su causa patriótica de la corriente americanista. Aprovechó su visita a la casa del “ave de paz no cóndor de afiladas garras” y sin que el maestro lo notara, echó a su alforja que llevaba furtiva, los colores que usó para resumir el dolor y la miseria de la humanidad en sus bellos cuadros inmortales. No se olvidó de recoger siquiera granos de la Edad de la Ira (1961-1990), de Huacayán (del quechua Huaycañan, “camino del llanto”, 1946-1952), de La Ternura, de Retratos, Murales, y por último tomó una de sus plumas blancas para escribir Tela de Cóndores (2005), una colección de prosemas dedicados a quien ha exaltado el pueblo indio y homenajeado a la vida odiando guerras, dictaduras, torturas, discriminaciones raciales, etc.

Ya Pablo Ruiz Picasso (otro universal) le había obsequiado el prototipo de un verdadero artista de la paleta y el pincel: “La calidad de un pintor depende de la cantidad de pasado que lleve consigo”. Y en la frase se identificó el poeta y allí mismo descubrió a Guayasamín que rezaba: “Vengo pintando desde hace tres o cinco mil años, más o menos”. Imaginémonos a la cumbre más alta de Nicaragua, literariamente hablando, y la cumbre más alta de Ecuador (y América), frente a frente, con la mirada fija en el proyecto de gritar por los mudos grilletes, el dolor que a los pobres como a un esclavo cobija la historia de los hombres del mal. Se abrazaron denunciando enfermedades mentales, de más está decir estériles, de muchos jefes que nunca fueron líderes. Allí reclamaron al mundo imposibles, repitiendo a coro la frase de Goethe: “Amo a los que sueñan con imposibles”. Esta es la verdadera historia de Tela de Cóndores, por más que lo niegue el maestro Rothschuh. Es el último libro de la historia poética del nicaragüense desde el celebrado Poemas Chontaleños (1960) y desde donde vimos el hilo temático de su fragua poética: “El río sin una mirada honda…/ La yerba sin un dedo levantado”.

Pero ¿Quién es Guillermo Rothschuh Tablada? Respondo lo mismo que Volodia Teitelboim refiriéndose al poeta chileno Pablo Neruda: “Si quieren saberlo, pregúntenlo a su poesía”. Es penoso que al maestro de Chontales le ha sucedido como al insuperable César Vallejo, a quien no se le hizo justicia a su poesía sino mucho tiempo después de su muerte. El poeta GRT ha creado nueva teoría literaria, y para empezar, en su obra Las Uvas están Verdes (Pág. 72) advierte sus lecturas profundas: Whitman, Darío, Vallejo, Saint John Perse, PAC, James Joyce, Ezra Pound, Borges y otros inmortales. No pierde el tiempo leyendo escritores nacidos en Nicaragua que no hacen florecer ni un verso nicaragüense. Y como es saludable conocer a otros literatos y artistas (Salomón de la Selva), hay que hacer injertos ineludibles como aconsejaba Martí, pero conservando las raíces principales para no perder de vista la identidad. Darío lo dijo: no seguir servilmente huellas para no perder el “tesoro personal”. En efecto, para un estudio más serio y profundo es la poesía de GRT. Ha alcanzado y superado, con su excelente trayectoria literaria, suficientes laureles para ser otro inmortal del parnaso de la literatura nicaragüense. El poeta no ha dudado ni un jeme en su nuevo camino en la poética nicaragüense, y ha ido más lejos que muchos de los de antes, durante y después de su generación y más lejos todavía con Tela… donde no deja de alimentarse de la teta principal, su raíz americana, y con lo cual se suma a Ricardo Palma, el Inca Gracilazo, Ciro Alegría, Vallejo y Guayasamín para sentar las bases de perennidad sobre el terraplén embasado de la tradición indígena. Sabios prosemas son los de su obra, que a cubos repletos, y exprimiéndose con cuidado, se extraen torbellinos literarios calmados con delicadas figuras retóricas, como si estuviéramos frente a un bello y pequeño ensayo cargado de historia ordenada a ritmo. Con esta obra no se dudará de entenderse que es el pensador de mayor influencia sobre el pensamiento y la literatura nicaragüense. El poeta más profundo que ha sabido purificar como ningún otro el barroquismo de Quevedo y Lezama y los símbolos vallejeanos. El más erudito de Nicaragua es GRT y de quien los entendidos sostienen que un ensayo del cóndor de Amerrisque, vale y pesa en esencia lo mismo que en cualquier cúspide de América y en la España contemporánea. El académico que aborrece mentes improductivas, de efímeros versos y repetitivos y sin aporte alguno, es el que más aplaude nuevos valores que enriquezca nuestra ya existente expresión poética para que valgan mañana, al igual que ahora vale Darío, Carlos Martínez Rivas, PAC, De la Selva, Álvaro Urtecho.

Un cóndor escribió prosemas a otro cóndor herido desde la antigüedad y que posa ahora en la portada de Tela de Cóndores, donde ha podido usar los recursos de Vallejo: “… las manos de Guayasamín… cubren la tela y presentan/ palmas de piedras,/ falanges de estuco,/ uñas de metal,/ pólipos de cedro./ Poliedro”. Se aleja de las metáforas insólitas y efímeras y trae a su taller los recursos más finos de los maestros de la poesía universal. Es tanta la sutileza que inyectó a sus prosemas que algunos se convierten en suculentos epigramas sin que uno lo note si no lo lee más de cinco veces. Tela de Cóndores trae en resumen: biografía de Guayasamín: “Guayasamín es hijo de indio y mestiza./ De ensenada y de corriente de río./ Como quien dice, un montón de barro con/ pringues de arena movediza”; Crítica de arte: “Pincel de Guayasamín./ Lamedor de sartenes./ Lengua del diablo./ No pinta, quema” y otros temas que son mejores si se saben leer.

Con este fragmento de estudio de Tela de Cóndores, y desde la meseta de Santo Tomás, en la patria de Lovigüisca, el Grupo Literario Huellas: César Augusto, Wilfredo, William y Sotelo, discípulos todos, saludamos al “cuntur” Guillermo Rothschuh Tablada (27 de mayo, 1926), y como el cóndor vive más de 80 años y forman una pareja que permanece junta de por vida, tendremos al maestro junto a su esposa, profesora María Elba Villanueva, juntos para siempre, como los bien amados Josecito y su fiel doña Julia. Salud, pueta.

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