El cielo está limpio y el sol aún logra iluminar las colinas que se divisan a lo lejos. El viento sopla hacia los turistas envolviéndolos con los gases que emanan del cráter del Volcán Masaya. Sus rostros reflejan angustia y las lágrimas bañan sus mejillas, sin embargo, la emoción continúa como cuando inició el tour a las 6:00 p.m., partiendo de la entrada del Parque Nacional Volcán Masaya, hasta el mirador principal Plaza de Oviedo.
Los gases del volcán, como anhídrido sulfuroso y ácido clorhídrico, obligaron a los turistas a utilizar las máscaras antigases facilitadas por los guías.
A lo lejos, surcando el cielo, logramos ver el primer atractivo turístico de la noche que ofrece este sitio, bandadas bulliciosas de chocoyos que vuelan aproximándose a sus nidos ubicados a orillas del cráter del volcán.
Según el guía Carlos Reyes (técnico en Áreas Protegidas), estos chocoyos coludos son diferentes a los que normalmente se tienen en casa, y dijo que se observan generalmente al amanecer y al atardecer.
“Durante el día pasan en las zonas boscosas alimentándose y antes de que anochezca vuelven a sus nidos en las paredes del cráter, donde tienen sus casas agrupadas en pequeñas colonias, lo que les da mayor seguridad ante los depredadores”, comentó Reyes, mientras aclaraba que estos chocoyos, se diferencian del resto por su capacidad de convivir entre los gases.
EL ENCUENTRO
Mientras el sol se va ocultando, el canto de los grillos y las pequeñas luces de las luciérnagas iluminan el pasto verde y el musgo que se aferra a las rocas ásperas y yermas.
Es necesario ponerse un casco y usar lámparas para la siguiente visita que llaman “la salida masiva de murciélagos”.
En la primera entrada de las cuevas salen centenares de murciélagos que rozan con sus alas los rostros de los turistas, dejando una sensación de terror en algunos, ya que desde antaño las leyendas y supersticiones de todas las culturas catalogan a estos animales como seres desagradables, por asociarlos con los vampiros y hasta con el Conde Drácula.
Sin embargo estas criaturas no causan daños, más bien huyen ante las luces de los flash de las cámaras de los visitantes. El guardaparques Veiman Jiménez explicó que aquí hay tres tipos de murciélagos, unos son insectívoros, es decir forrajean cerca del suelo para consumir algunos insectos. Otros son nectarrívoros, los que consumen polen y néctares, y son los encargados de la polinización del parque. Y por último están los fruguívoros, es decir, los que se alimentan de frutas bien maduras.
Para quienes temen a los murciélagos, el encuentro con ellos aún no termina, es necesario avanzar un poco por el suelo pedregoso, para llegar hasta la entrada de la Cueva de Tzinancanostoc.
Para terminar la visita, a las 8:00 p.m. se llega a otro mirador donde se observa el reflejo de la incandescencia del cráter Santiago. El guía Jairo López Dávila (técnico en Áreas Protegidas), señala las llamas que algunos visitantes apodan como “lenguas de fuego”, mientras otros se toman fotografías.