En los últimos meses el público en general ha sido literalmente abrumado con una promoción masiva sobre el libro y la película El Código Da Vinci, llevada a cabo a nivel internacional, con gran intensidad y con el gasto de varios millones de dólares. La publicidad gira en torno a la “revelación” de un supuesto gran “secreto” sobre Jesucristo. Y a pesar de que el libro es claramente una novela de ficción, sin ninguna base documental seria, el “secreto” pretende ser vendido como un gran descubrimiento histórico. Cabe señalar que, en su libro más reciente, escrito después de El Código Da Vinci y titulado Fortaleza Digital (Digital Fortress), el autor narra sobre como en el Polo Norte existe una estación secreta de seres extraterrestres que conspiran para controlar el planeta.
Dada la curiosidad que esta publicidad despierta, el público en general se podrá preguntar si gasta su dinero o no en ver esa película, aún a sabiendas que Hollywood cuando más frecuentemente decepciona es cuando más publicita. Posiblemente parte de ese público decidirá ver una película que aparenta ser un “thriller”, aún si después resulte ser decepcionante comparada con clásicos del género como Misión Imposible y Los 4 Fantásticos.
Por otro lado, el público que se considera cristiano tiene ante sí un dilema: ver esa película y satisfacer su curiosidad, o no pagar la entrada y no contribuir a financiar una obra que utiliza la deformación del personaje central de su religión, Jesucristo, como base principal de su trama. Para los cristianos, Jesucristo es Dios hecho hombre para enviar un mensaje de amor y redención a la humanidad. Su mensaje, tal y como lo relatan los evangelios, es una exhortación a buscar el mundo espiritual para acercarse a Dios, apartándose del mundo material. Los cristianos ven a Jesús como lo más sagrado de su religión, y tal y como dice el gran escritor francés Mauriac, “una biografía sobre Él debería ser escrita de rodillas, con un sentimiento de humildad tal que haga caerse la pluma de la mano. Un pecador debería de sonrojarse de la temeridad de llevar a cabo esa tarea”. Los cristianos, en su respeto a Jesús como lo más sagrado, concuerdan con San Marcos cuando dice en su evangelio: “Yo no soy digno de tocar su sandalia” (Mt 3.11).
Por otro lado, el “secreto” de la película que se anuncia ahora con gran pompa consiste en trivializar y deformar la figura de Jesús, manteniendo que Él era en realidad únicamente humano, y no divino, que se casó con María Magdalena procreando hijos de quienes descienden los reyes europeos. Según el autor del libro, Jesús más bien promovió una religión pagana basada en una supuesta dualidad femenina-masculina de Dios, a quien debe adorarse a través de orgías sexuales, ya que estas orgías reflejan la unidad de lo femenino con lo masculino.
Aparte que la novela y la película tienen tanto valor histórico como la novela de extraterrestres más reciente del autor, para los cristianos resulta ofensiva y, por qué no decirlo, blasfema, ya que es injuriosa contra la persona considerada por ellos como lo más sagrado. En vista de lo anterior, pareciera que el dilema es fácil de resolver: satisfacer la curiosidad no vale la pena cuando a cambio se financia algo ofensivo contra lo que se considera como lo más sagrado.