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Ética y campaña electoral

El capítulo V de la Ley Electoral de Nicaragua, en lo que se refiere a las normas éticas de la campaña electoral dice en su artículo 107: “La propaganda electoral deberá ceñirse a los valores, principios y derechos consignados en la Constitución Política. Los partidos o alianzas de partidos deberán respetar estrictamente las normas éticas, la moral y la consideración debida entre ellos y a los candidatos nominados, a los electores y al pueblo nicaragüense. La propaganda de las organizaciones políticas deberá versar sobre sus programas de gobierno y los valores y principios en que se sustentan, a la vez podrán promover el conocimiento público de la trayectoria política, cualidades y virtudes que enaltezcan la imagen de los candidatos, a quienes se prohíbe denigrar, ofender o descalificar a sus adversarios”.

Aparte de lo que dice y manda la Ley, es del interés y la conveniencia de los nicaragüenses que la campaña electoral se lleve a cabo en el mejor ambiente posible y que el discurso y las actuaciones de los candidatos sean de altura. Por eso llamamos a la reflexión al candidato presidencial Herty Lewites, quien presentó recientemente un spot publicitario desafortunado, desconcertante y antiético. En realidad, el candidato a la Presidencia de la República por el Partido Alianza Herty 2006, inició su propaganda de campaña de manera cruda e incierta. Se ve el spot y no se sabe qué pensar, cómo reaccionar, cómo interpretar sus palabras, a qué o a quién aplicarlas. Pero, además, el spot es vulgar no sólo por su lenguaje sino también por la imagen de una mosca gigantesca que aparece hablando en la segunda parte de dicho mensaje.

El señor Lewites irrespeta no sólo a sus adversarios políticos sino también a los ciudadanos en términos generales. Al mismo tiempo se percibe a todas luces un intento demagógico de conseguir la simpatía de una parte del pueblo nicaragüense que supuestamente usa vocabulario de este tipo. Sin embargo, no es verdad que todos los nicaragüenses sean mal hablados, ni que hablen malas palabras delante de sus hijos pequeños, ni tampoco que les guste que les hablen con lenguaje vulgar y soez. El candidato Lewites sobreactúa su forma de hablar al estilo campesino, pero en este caso no hay duda que se le pasó la mano.

Los candidatos presidenciales de Nicaragua deberían proponerse hacer de la campaña electoral una fiesta cívica en la que la ciudadanía celebre el derecho al sufragio universal libre y transparente que resulta del sistema democrático. Y propaganda como la de la mosca del señor Lewites no fomenta el civismo y la cultura, sino que, todo lo contrario, ofende a la sociedad y degrada al mismo candidato presidencial. Por otra parte, también es deseable que los medios de comunicación establezcan parámetros éticos para evitar que sobre todo los niños oigan vulgaridades por televisión sin que sus padres estén advertidos.

La ciudadanía espera oír de los candidatos propuestas concretas e inteligentes que beneficien al país, no simplemente propaganda que señale los problemas y mucho menos de forma indecente. No creemos que los nicaragüenses vayan a votar en base a quién sea más hábil para desprestigiar a sus contrincantes ni a favor de quien use el lenguaje más grosero, sino que se inclinarán hacia el candidato que tenga los mejores antecedentes y que mejor logre estructurar un plan de Gobierno realista e integrador de todos los sectores sociales.

La ciudadanía quiere oír soluciones, no ofensas. Quiere oír propuestas inteligentes para resolver los problemas económicos y sociales, para crear más empleos, para generar más riqueza y asegurarse de que su distribución sea justa. Sin embargo, hasta el momento sólo se han oído ofensas y dimes y diretes y en este contexto el spot de la mosca del señor Lewites resultó desafortunado y fuera de lugar. Lo que debe decir el candidato Lewites es cuáles son sus méritos como persona moral y cuáles sus habilidades como potencial gobernante.

En este sentido, los candidatos deberían organizar debates públicos en los cuales la ciudadanía tenga la oportunidad de escucharles y evaluarles; debates en los que prevalezca el trato caballeroso, el respeto mutuo y el imperio de las ideas. Es el peso de los argumentos y no los ataques a las personas lo que va a atraer a la mayoría de los votantes.

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