El calendario del consejo supremo electoral sigue su curso agotando etapas inexorablemente. A la fecha el tiempo de las alianzas ya se agotó. Todo hace indicar que esta vez nos iremos a cuatro bandas (cinco, reclamaría mi amigo, el comandante Pastora, pero la verdad no creo que esta vez él logre escupir en rueda).
Una vez formalmente inscritos los candidatos a Presidente, se abrirá el calendario para la inscripción de los candidatos a diputados de las alianzas y partidos que participarán en las elecciones de noviembre. Esta inscripción se cierra el próximo treinta y uno de mayo. Así que como en esas peleas de lucha libre que vemos en la televisión en que todo se vale, lo mismo veremos entre los aspirantes, o suspirantes a diputados según diría un buen amigo. Esto incluye las zancadillas, las serruchaderas de piso, los codazos, los golpes bajos, etc. Todo se vale con tal de llamar la atención del líder, del congreso o de la comisión que elige según sea el caso particular de cada partido o alianza.
Hace algún tiempo acuñé un pensamiento que creo vale referirlo en esta ocasión. Dice así: Aquel hombre que no es dueño de sus limitaciones, no es dueño de nada. Si este tipo de personas incursiona en la política y además es ambicioso, se convierte en una bomba de tiempo. De ahí salen la gran mayoría de los disidentes, resentidos, traidores dirían algunos, en fin todos aquellos que se creen merecedores de estar en primera fila a la hora de ser elegidos. Lograr ser diputado es el segundo galardón más grande a que puede aspirar una persona que escogió participar profesionalmente en política, la primera es obviamente la presidencia de la nación.
Antes de hacer este artículo consulté con varios amigos, a los que les pregunté sobre cuáles eran las cualidades y calidades que a juicio de ellos deberían tener los candidatos a diputados. Las respuestas que obtuve fueron de lo más variadas y agregué algunas apreciaciones de mi propia cosecha resumiéndolas de la siguiente manera. Un candidato a diputado debería ser una persona con una militancia partidaria reconocida y de trayectoria propositiva, debería tener valores morales tanto personales como sociales, debería tener una sensibilidad social por encima de la media de sus correligionarios, debería tener el don de expresar sus pensamientos de forma correcta y clara, debería ser visionario y ser capaz de ver en el tiempo las necesidades de su sociedad, proponer leyes que una vez aprobadas se conviertan en rectoras y normadoras de nuestro comportamiento en sociedad, debería ser líder de su partido en el mejor sentido de la palabra. Todo lo antes expuesto son méritos y cualidades estrictamente personales, hay otros valores agregados como el que sus opiniones sean reconocidas como positivas y que sea capaz de lograr que otros, no sólo las aprueben sino que las hagan suyas y estén dispuestos a luchar por esas ideas, opiniones o principios según sea el caso.
No existe ningún partido político en el mundo que sea capaz de ganar una elección únicamente con el voto de su militancia partidaria, todos desde el candidato presidencial más los candidatos a diputados y resto de miembros del partido o alianza, se convierten en activistas políticos vendedores de su proyecto a la hora de las elecciones. En la medida en que hayan escogido bien, en esa medida obtendrán el favor del resto de electores. Personalmente creo que lograr ser candidato a diputado es un honor y un reconocimiento que te confiere tu partido. Una vez electo es una responsabilidad para con tus electores y adquirís la obligación de legislar para el beneficio de todos. Los partidos y las naciones que no eligen a sus diputados bajo estos parámetros, sufren las consecuencias de sus equivocaciones. Al final terminan teniendo los diputados que se merecen.