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Hay que construir una cultura científica de Nicaragua
Jorge A. Huete-Pérez
El autor es doctor en biología molecular

“La historia de la humanidad es, a su vez, la historia del pensamiento humano y de sus creaciones científicas”. Rafael L. Gil, científico y educador nicaragüense.

Muchas personas no saben que el ADN, como las proteínas, es un componente esencial de los organismos vivos. Según se desprende de una encuesta realizada en Europa, una mayoría significativa no sabe que los alimentos que consumimos contienen trazas de ADN. Estudios como estos reflejan desconocimiento y percepciones equivocadas, lo cual, aunque podría parecer insignificante, obstaculiza seriamente la participación del público en el debate sobre asuntos de la ciencia. Entre los temas de debate importantes para Nicaragua podemos señalar la crisis energética y el cultivo de tilapia en el Cocibolca.

La sociedad en que vivimos está cada vez más influida por los avances científicos. Sin embargo se vive una situación paradójica. A la vez que se divulgan noticias de ciencia y tecnología, el individuo carece de medios adecuados que faciliten la percepción del verdadero valor de los hallazgos e inventos.

La reciente visita al país que, por invitación de la UCA, realizaran expertos de la Red Interamericana de Academias de Ciencias (IANAS) dejó planteados varios asuntos vitales para el progreso científico. Primero, que urge avanzar en la construcción de una cultura científica.

La expresión “cultura científica” se suele apreciar en algunas de sus aristas como alfabetización científica y popularización de la ciencia. Sin embargo, el término debería englobar todas esas facetas y entenderse como el conjunto de conocimientos y modos de vida que impulsan el desarrollo social, así como también aquello que le permite a los individuos comprender críticamente su época y el medio natural.

El sistema educativo existente, reducido a buenas intenciones, tampoco contribuye a mejorar la integración de las ciencias en la cultura porque en la educación formal la enseñanza de las ciencias con pensamiento crítico es todavía una quimera distante.

El efecto global de esta situación es que hoy día junto al analfabetismo llano de lecto-escritura, viene propagándose el analfabetismo científico. A juicio de los especialistas, la alfabetización en ciencias se ha convertido en factor esencial para el desarrollo de los pueblos. Por esto, EE.UU. y países desarrollados de Europa se han tomado tan en serio esta preocupación que han preparado estrategias para la popularización y el fomento de la cultura científica.

Dentro del gradiente de actores en la construcción de la cultura científica, las universidades de Nicaragua se han visto tradicionalmente comprometidas no al nivel de la popularización de la ciencia sino en la enseñanza de las ciencias y la formación de educadores y científicos. Estas tareas, aunque necesarias para el país, son insuficientes. La nueva estructuración de la ciencia exige un replanteamiento del tema. Las universidades tendrán que involucrarse mejor en la transmisión de los conocimientos de forma entendible al ciudadano común para que éste adquiera los elementos suficientes que le permitan comprender los adelantos científicos.

El segundo asunto destacado por los expertos de IANAS es que para lograr un impacto duradero en el desarrollo científico, cualquier iniciativa tiene que enmarcarse en una coordinación y planeación de carácter nacional. Notamos aquí otra paradoja del estado actual de la ciencia nicaragüense. Aunque se percibe un loable esfuerzo de algunas universidades y centros de investigación como la realización del Tercer Congreso Nicaragüense de Biotecnología, es notable la falta de respaldo gubernamental.

Ese abandono crónico y falta de compromiso político de los tomadores de decisión en asuntos de la ciencia nos coloca en franca desventaja en el contexto de los tratados comerciales. El esfuerzo de los científicos nicaragüenses contrasta con la falta de lucidez y visión de los políticos quienes nos condenan al atraso en materia de educación y ciencia. Un solo indicador ilustra el problema. En investigación invertimos proporcional al PIB cinco veces menos que el promedio de América Latina y diez veces menos que Brasil. Hasta hemos quedado fuera de los análisis por indicadores porque el país ni siquiera ha cuantificado sus recursos técnicos.

A falta de apoyo financiero y de compromiso político de los gobiernos, los científicos debemos emprender la construcción de la cultura científica. Esta tarea, sin embargo, solamente se cumplirá adecuadamente mediante un esfuerzo armónico y organizado. La naciente Sociedad Científica Nicaragüense creada en diciembre pasado podría comenzar a llenar el vacío de organización del gremio de investigadores y contribuir al desarrollo humano y social. La situación actual, además de deplorable, es nociva si se quiere incursionar en la llamada sociedad del conocimiento.

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