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Christian Munguía fue asesinado el 13 de mayo del 2002. ( la prensa/ Archivo)
Revelador testimonio de hermana de Munguía
Comisionado Munguía desconfiaba
Elízabeth Romero
nacionales@laprensa.com.ni

“En este cargo tendré problemas porque me enfrentará a muchos compañeros; en la Policía hay dificultades”, habría referido el fallecido Inspector General de la Policía, Christian Munguía, a su hermana Martha Munguía Alvarado, el día de la toma de posesión de su cargo, a inicios de septiembre del 2001.

Ocho meses después fue asesinado. No obstante, su asesinato fue tipificado como robo seguido de homicidio. Desde su testimonio escrito, su hermana es de la opinión que Christian Munguía conocía información que pensaba revelar y que vinculaba a personajes importantes con los actos de corrupción que en ese momento se investigaban.

A cuatro años del crimen, Martha Munguía Alvarado revela que su familia nunca admitió las aseveraciones de que tras el crimen no hubo autores intelectuales.

“La precisión del disparo en partes vitales de su cara indica que no es un tiro al azar el que lo mató, sino uno más profesional que no corresponde con la versión de que lo haya acertado una persona que disparó cuando huía”, considera Munguía Alvarado en sus memorias.

A su criterio, quedan algunas interrogantes sin respuesta. Por ejemplo, el hecho de que ese 13 de mayo a las 5:45 a.m., el conductor de una camioneta roja, doble cabina, que estaba en el semáforo delante del vehículo en el que se movilizaba el oficial asesinado, no fue asaltado, cuando se asegura que los delincuentes no esperaban a nadie en particular.

Menciona también el hecho de que un vecino y un taxista que pasaban por el lugar auxiliaron a su hermano, lo trasladaron cuando estaba inconsciente al asiento trasero de la camioneta y el último retiró el vehículo de la escena del crimen, pues en el mismo condujo al herido al hospital.

“A ese vecino de ningún modo hemos podido encontrarle y hablar personalmente con él, pues su familia dice que es miembro de la Policía y se encuentra en Plaza El Sol”, refiere en su escrito.

Del dictamen del forense se desprende, dice Munguía Alvarado, que por los daños del disparo, su hermano no pudo haber pronunciado palabra, sin embargo la persona que conducía el vehículo hacia el hospital asegura que a eso de las 6:05 a.m., la víctima llamó desde su celular. El número telefónico marcado corresponde al Cuerpo de Seguridad Personal del Ministerio de Gobernación. La llamada duró dos minutos con 58 segundos.

¿Revelaría información?

Según su hermana, sus más cercanos allegados sabían que “el peligro lo acechaba” y que había más de una persona afectada por su labor.

En sus memorias sobre los últimos días de Christian Munguía, su hermana estima que el entonces inspector de la Policía “conocía información que pensaba revelar y que establecía la vinculación de personajes importantes en actos de corrupción, fundamentalmente la venta de las armas”.

“Vino el problema de las armas que aparecieron en Colombia y que siempre se dijo que procedían de Nicaragua. Era el jueves de su última semana de vida cuando le pregunté cómo era esa situación, ya que temía por su seguridad. Me dijo, que él no estaba al frente de las investigaciones pero que por su cargo de Inspector General estaba conociendo el posible involucramiento de miembros de la institución policial en estos hechos”, señala .

En el documento denominado: “Un testimonio de la falta de justicia”, menciona que el Ministro de Gobernación lo puso al frente de la comisión especial que investigaría la venta de las armas. En ese momento, asegura, el entonces Inspector General de la Policía le confió que ya sabían que había gente perteneciente al Ejército de Nicaragua involucrada en la venta de las armas, y ese día conocería los probables motivos por los cuales la Policía se callaba y se dejaba responsabilizar. Aparentemente era por la posible participación de algún miembro de la institución en esos hechos.

Pero además, Munguía recuerda que su hermano le comentó unos días posteriores a su cumpleaños, el 14 de abril del 2002, “que alguien muy próximo a él había accedido a su cuenta de correo electrónico confidencial, para lo cual , según me explicó, tuvo que haberse valido de un programa especial que era totalmente restringido, y se preguntaba cómo lo había conseguido”.

En esa ocasión, el fallecido le comentó, además, que esa misma persona había recibido una cantidad de dinero como pago por servicios profesionales, por parte de un líder “de las más altas esferas de poder que en ese momento era parte de los que estaban siendo investigados por el escándalo conocido como “la huaca”. Munguía Alvarado señala en sus memorias que a sus manifestaciones de preocupación por su persona, su hermano le contestó en una ocasión: “Yo duermo con un ojo abierto y otro cerrado”.

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