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Elección a tres bandas
Róger Mendieta Alfaro
El autor es escritor. Fue presidente del Partido Conservador.

Es notorio que la imponderable incursión política y económica del presidente Hugo Chávez ha sido capaz de provocar las consiguientes reacciones entre aquellos que, desde su punto de vista de gobernar, no comulgan con sus ideas de predestinado de la providencia divina. Y como es natural, es lógico que ponga los pelos de punta a gente de equilibro que tiene los pies sobre el suelo y no cree en predestinados.

A la altura de los tiempos, para un ciudadano con la razón en sus cabales, resulta tontería suponer de manera puntual, que un pueblo asfixiado por la miseria que provoca desperdicio de los recursos naturales, conteste al dictador un sí para que lo desgobierne por veinticinco años más. No veo a Chávez en tales carnes y futuro sin problemas.

Y como era de esperar con sus enormes porciones de demagogia millonaria —para quienes no tenemos política congruente con los recursos naturales y nos mantenemos más o menos enredados en una lucha antinacional para malbaratar el Estado—, el bolivarianismo sin Bolívar ha tomado deprimentes opciones y revuelto las aguas del río.

Se ha alborotado el cotarro nacional. Y tenemos la sensación que hemos vuelto a la peligrosa década de los ochenta, cuando la guerra fría jugó un papel de guerra caliente alimentada con nuestros harapientos campesinos, con el famoso cuento de la revolución que tuvo en las manos todo, pero que nunca arrancó.

En estos meses nos enfrentamos a un proceso electoral para búsqueda de la nueva opción de instaurar un gobierno democrático, con cierto contenido social que pueda sacar de la oscuridad a la mayoría de los nicaragüenses. Un gobierno que sea cual fuere el color esté dirigido por hombres más o menos limpios, más o menos nuevos de pensamiento, que puedan evadir a ese hombre nuevo zarrapastroso que traía llena de harapos el alma, y desde donde después emergió todo lo que combatimos.

Para esta nueva elección surgieron cientos de candidatos. Todos deseaban ser los presidentes de la vaca lechera. Juan, Pedro, Jacinto y Perico de los Palotes inventaron sus partidos y se colocaron a la cabeza de la lista.

Muchos de los que habían respirado el óxido y la urea de la piscina estuvieron en primera plana. Menos mal que se eliminaron solos.

A esta altura del juego todo parece indicar que la verdadera elección será a tres bandas, aunque se inscriban cuatro, cinco o seis partidos o alianzas políticas que quieran participar en la elección.

Tal y como andan las cosas, el más fuerte elector va a ser el miedo, el terror de quedar confundidos y sumidos en un gobierno sin ética, ni programa para resolver la crisis de atraso y obsolescencia con relación al concierto mundial que vive nuestra Nicaragua.

Como dije antes, se han inscrito varios partidos y se inscribirán diversos candidatos, pero el sabio olfato de los votantes conducirá el voto mayoritario para sólo uno.

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