Granada actualmente es una de nuestras mejores cartas turísticas. Un destino cuyo interés turístico está creciendo y para el cual es necesaria toda la infraestructura posible para recibir el creciente número de visitantes con el que se enfrenta cada año. “Una gran oportunidad”, pensó un matrimonio de inversionistas europeos interesados en construir un pequeño hotel en esta ciudad colonial.
Eso fue hace un año. Ahora alistan maletas para regresar a su país de origen. Sus sueños de inversión se enfrentaron con un problema incómodo para todo turista y al cual ellos no encontraron solución: Granada no tiene agua suficiente para sus habitantes ni para sus visitantes.
El matrimonio conformado por Kathya y John, así los identificaremos a petición de ambos, vinieron desde Europa a Granada, pero ahora hacen maletas. El matrimonio llegó hace dos años a la ciudad considerada la capital del turismo nicaragüense.
Su objetivo era quedarse e instalar un pequeño hotel en las afueras de Granada: a diez minutos del centro histórico de la ciudad más antigua en tierra firme del continente americano y a cuarenta minutos de Managua. La ubicación del proyecto parecía excelente.
Sin embargo, la falta de agua que afecta su reparto, ubicado en la zona oeste o “alta” de Granada, impidió que su proyecto prosperara y eso los ha obligado a tomar la decisión de marcharse.
“Nos vamos porque la gente no está interesada en hospedarse en un hotel que no tiene agua regular, y mi esposo y yo tampoco estamos dispuestos a vivir en una casa donde sólo tenemos agua que debe almacenarse en tanques que a veces tampoco tienen presión”, explica Kathya, quien pide proteger su identidad porque se encuentra realizando diligencias administrativas y no quiere represalias antes de irse de Nicaragua.
Esta inversionista europea no sabía que la zona oeste de Granada padece eternamente del peor servicio de agua potable en la ciudad, aunque en el centro histórico de ésta el servicio no es tan diferente, según los mismos granadinos afectados y el resto de los empresarios.
En Granada existen al menos dos decenas de hoteles y hospedajes, pero menos de media docena de ellos cuenta con tanques para almacenar agua y sólo dos o tres disponen de tuberías auxiliares para suministrar el líquido directo a los grifos, en caso de que el servicio regular falle. Una molestia que ocurre con más frecuencia de lo deseado y disminuye la estadía de los turistas.
INCOMODIDAD ECHA A TURISTAS
La falta de agua en la llamada “La Gran Sultana” también afecta al Centro Cultural Antiguo Convento San Francisco, el museo público más visitado de la ciudad. Según su directora Ligia Morales, hay días en que a este centro el agua sólo llega por la noche.
“Casi a diario viene algún grupo de turistas desde Costa Rica y después de un viaje tan largo, la mayoría viene con una parada obligatoria al baño, y cuando no hay agua la incomodidad de limpiar los retretes con baldes de agua no se les puede evitar”, lamenta Morales.
La mayoría de los turistas que visitan Granada son jubilados estadounidenses, cuyos promedios de ingreso mensual superan los tres mil dólares y su universo se calcula en dos millones de personas. “Kathya” conoce bien esa oportunidad, pues apenas dos años y medio atrás, ella y John viajaron con esos mismos planes a Costa Rica, pero meses después se mudaron a Nicaragua porque aseguran que aquí el clima es más noble para ellos y mientras en Costa Rica una casa mediana cuesta hasta 200 mil dólares, en Nicaragua una similar ronda los 70 mil.
Con esas ventajas, ella se atrevió a invitar a sus suegros para vivir en Granada, pero al advertirles la falta de agua la mudanza se abortó.
AFECTACIÓN EN ZONAS DE DESARROLLO TURÍSTICO
“Los servicios básicos son elementales para el desarrollo del turismo —sentencia Kathya—, una casa o un hotel bonito en un país hermoso no sirve de nada si te falta agua o la luz falla con frecuencia”. Por eso, a pesar de la belleza del país y el potencial turístico de Granada, la decisión de Kathya y John ya está tomada.
La historia de los inversionistas en Granada no es aislada. Casos similares se reportan en Masaya. En Ometepe, otro proyecto de turismo comunitario se encuentra frenado por el desabastecimiento de agua en la isla. Chontales, Las Minas y Boaco reportan pérdidas económicas para los inversionistas por los costos extras en que incurren por el severo problema de falta de agua que enfrentan en sus ciudades.
Algunos departamentos tienen mejor suerte. Matagalpa y Chinandega parecen no enfrentar problemas de abastecimiento. Pero la quiebra financiera en la que se encuentra la Empresa Nicaragüense de Acueductos y Alcantarillados (Enacal) avista una situación de fragilidad que a la vez puede provocar que esta situación de estabilidad se revierta, algo que sus autoridades descartan.
La investigación periodística de LA PRENSA revela claramente que el rubro económico más afectado por la incapacidad de abastecimiento de Enacal es el turístico. Se desconoce a cuánto asciende el perjuicio económico para este sector debido a la huida de inversionistas o los costos no presupuestados provocados por la situación de falta de agua.
En Masaya el desabastecimiento de agua potable es crónico, desde hace cuatro años se ha agudizado, afectando a los pobladores de todo el departamento y hoy ya se extiende a la industria turística, lo que ha provocado que inversionistas desistan de invertir en negocios en la ciudad.
VOLUNTAD, PERO NO CONDICIONES
Donald Porras, presidente de la Cámara de Comercio, Agricultura e Industria de Masaya y dueño del restaurante El Filete, ubicado en Nindirí, mencionó a LA PRENSA que unos inversionistas estadounidenses le manifestaron su interés en construir un hotel en Nindirí, pero posteriormente le comunicaron que desistirán de invertir, porque no hay el agua potable necesaria para el funcionamiento de un hotel.
“El turismo gira alrededor del agua, un negocio de la industria turística colapsa porque no puede funcionar, el problema del agua se hace cada día más agudo, primero la Empresa Nicaragüense de Acueductos y Alcantarillados (Enacal) inicia el racionamiento cortando el servicio por algunas horas, actualmente no hay agua hasta por tres días”, recuerda Porras.
Los dueños de restaurantes, por la falta de agua tienen que poner baldes y panas en los servicios higiénicos para que el turista se pueda lavar las manos, además destinan a una persona encargada especialmente para atender los baños.
“Entre los turistas vienen muchos inversionistas, pero cuando ven la escasez de agua, desisten y no invierten en Masaya. Por ejemplo, llegaron a Nindirí unos inversionistas tejanos con interés de construir un hotel de ocho pisos, pero desistieron por ver el problema de agua. Cuando se dieron cuenta que no hay agua, decidieron irse a Costa Rica, es decir que Nindirí a pesar de tener una vista a la laguna y el volcán Masaya, perdió la inversión”, reveló.
Porras también es miembro de la Junta de Incentivos Turísticos de Masaya, y asegura que ha decaído la inversión en turismo. Antes de agudizarse el desabastecimiento se reunían una vez a la semana y ahora lo hacen cada tres semanas y sólo para ver tres casos, antes atendían 15 casos a la semana.
Aseguro que también unos españoles tienen interés de invertir, pero están con miedo de construir un hotel, porque no hay agua, “es una lástima debido a que Masaya no cuenta con un hotel de tres estrellas, y con el desabastecimiento difícilmente se tenga un hotel de esa categoría”, consideró Porras.