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El miedo y la mentira
Eduardo Enríquez

Es triste que un supuesto partido “de mayorías” como dice ser el Partido Liberal Constitucionalista (PLC) tenga que recurrir al miedo y a la mentira para tratar de convencer a los nicaragüenses de que voten por ellos.

El PLC no propone eliminar la pobreza, ni dar más educación o salud a la ciudadanía, ni fomentar la inversión y la generación de empleo.

Su argumento se reduce a decir que hay que votar por ellos y “no dividir el voto democrático” porque de lo contrario ganará Daniel Ortega.

Es cierto que a cualquier nicaragüense sensato se le pone “la carne de gallina” con sólo pensar que Ortega regresará al poder, sobre todo ahora que se queda con la boca abierta de admiración al ver los desmanes de sus amigos Hugo Chávez y Evo Morales en Venezuela y Bolivia.

Además de recurrir al miedo, los PLC recurren a la mentira y dicen que hay que darles a ellos más de 56 diputados para “poder desmontar el pacto” ¡que ellos mismos alegremente montaron!

Primero, los que menos nos pueden garantizar que Ortega no tendrá el poder absoluto son los “arnoldistas” del PLC porque han sido los “arnoldistas” del PLC los que tienen 10 años de oxigenar a Ortega y al Frente Sandinista.

Para poder botar los argumentos de los liberales de hoy hay que recordar lo que hicieron esos mismos liberales ayer.

El 10 de enero de 1997, cuando Arnoldo Alemán asume el poder con un gran capital político, Daniel Ortega entra a la Asamblea Nacional con la bancada más pequeña que haya ganado en una elección, únicamente 36 diputados.

Los liberales tenían 42, pero gracias a una Ley Electoral incluyente, habían 15 diputados de nueve diferentes partidos para un total de 57 diputados “democráticos”, más que suficiente para reformar parcialmente la Constitución y terminar de fortalecer las instituciones.

Sin embargo, Alemán y sus diputados, a pesar de haber sido electos bajo la promesa de “acabar con los sandinistas” como decía el caudillo en sus discursos, decidió pactar con Ortega y diseñar una Constitución que los perpetuara en el poder mientras se repartían las instituciones, eligiendo a los más serviles de los candidatos.

Se repartieron 50-50 con los sandinistas todas las instituciones y ese delicado balance ha sido aprovechado por los sandinistas —que son más vivos y tienen de rehén a Alemán— para obtener hoy pleno control de la Corte Suprema de Justicia y del Consejo Supremo Electoral.

Esto es de ponerse a llorar cuando uno se da cuenta que en 1997 los sandinistas eran minoría en la Corte, en el Consejo no tenían a nadie y tampoco en la Contraloría.

Pero además, el PLC y el Frente aprovecharon esa francachela y bajaron el porcentaje para ganar la Presidencia en primera vuelta, del 45 por ciento que había sido establecido en las reformas de 1995 al 35 por ciento. Esa reforma la apoyaron los PLC no para regalarle el poder a Ortega, sino para crear una verdadera amenaza de que podría ganar si “se divide el voto antisandinista”. En la práctica, los votantes quedamos rehenes de los dos partidos, sin poder votar con libertad.

¿Por qué Alemán y sus diputados no usaron el capital político que tenían para aglutinar al resto de diputados “democráticos”? ¿Por qué ahora los PLC sí van a construir instituciones si no lo hicieron cuando pudieron?

Como votante piense en eso... para que no le vean la cara de baboso.

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