Desde niños —sobre todo en Nicaragua— simplemente llamamos “la Virgen” a la Madre de Dios. Creo que es por nuestro especial amor a la Santísima Virgen María que también Ella ha distinguido a este su pueblo con su especial amor.
No fue una casualidad que el portador de la imagen de la Inmaculada Concepción fuese don Pedro Zepeda y Ahumada —hermano de Santa Teresa de Ávila— quien se enfermara frente a las costas de El Realejo teniendo que interrumpir su viaje cuyo destino era el Perú, lo que cambió de rumbo el destino de la imagen de Nuestra Señora del Trono, la que desde esa época del año 1570 ocupa ese sitio en la antigua Iglesia de El Viejo, la que ahora ha sido elevada a Basílica en su honor, donde año con año el 6 de diciembre miles de peregrinos llegan a la ceremonia de la lavada de la plata y a pedirle su favor y a contemplar esta imagen pequeña de tamaño pero grande en misericordia.
Desde que los padres de la orden Dominica enseñaron y divulgaron la fe cristiana y la devoción al Santo Rosario, se proclamó proféticamente el sagrado dogma de la Inmaculada Concepción, de tal manera que desde los inicios de nuestra fe se había hecho efectivo este dogma por el canto que reza : “Pues concebida, fuiste sin mancha, Ave María llena de gracia, llena de gracia, de gracia ...”
Los dogmas proclamados por la Iglesia Católica acerca de la pureza y perfección de la Santísima Virgen María son cuatro, primero: Madre de Dios —vox populi, vox Dei— lo que fue declarado como un eco al deseo del pueblo desde los inicios del cristianismo. Lo que hace un vínculo inseparable de la Madre de Dios con Cristo y con su Iglesia. Segundo: Virginidad Perpetua —antes del parto, en el parto y después del parto— que fue declarado en el Concilio de Efeso el año 431. Tercero: su Inmaculada Concepción desde el vientre de su madre, Santa Ana, dogma que fue proclamado por el Papa Pío Nono el año 1854. Cuarto: la Asunción de María Santísima al cielo, en cuerpo y alma, proclamado por el Papa Pío XII el año 1950.
La Iglesia Católica al proclamar estos dogmas afirmando la santidad de la Virgen María, ha elevado a la mujer en su dignidad, la que nosotras las mujeres tenemos el deber de guardar, hacer crecer, respetar y hacerle honor a esta condición de mujer que el Creador nos ha concedido, Ella, María, nos deja un ejemplo vivo como símbolo de la unidad en la familia, nos ha hecho contraer un vínculo inseparable de la mujer como madre, las que hoy tanto desprecian ese don maravilloso de la maternidad al destruir un ser humano dentro de su propio vientre.
Ella, desde siempre nos ha distinguido con su presencia, ya que es nuestra madre, madre de todos nosotros los pecadores, y se ha dignado en pisar nuestro suelo, quizás por una súplica que unió nuestros deseos expresados en un canto que compuso nuestro poeta y cantor Tino López Guerra en el que insta al Señor: “Aparecisteis en Francia, México y Portugal, aparece madre mía en la América Central, aparece dulce María, pide permiso al Señor que toda la Patria mía, por ti se muere de amor...” Y ella oyó la súplica y vino, como el vino que vino en Canaá, para quedarse entre nosotros y defender su Patria del enemigo maligno y aplastar la cabeza con su pie virginal.
Hoy 13 de mayo, además de conmemorarse la aparición de la Virgen María en Fátima, Portugal, conmemoramos el V aniversario de haber sido nombrada Patrona de Nicaragua la Inmaculada Concepción de María; Reina, Madre y protectora de este su pueblo. A Ella, como Reina, le rendimos honor y Gloria. Como Madre le pedimos bendiciones. Como protectora le rogamos su misericordiosísima intersección ante su Hijo Todopoderoso que nada puede negarle a su Madre.
Pidámosle pues a la Virgen que desde su trono nos bendiga, nos guíe, nos oriente y nos ilumine, para que, como un ejército ordenado en batalla podamos vencer al enemigo, como Ella supo hacerlo triunfando de las herejías del mundo con su arma poderosa, el Santo Rosario. Pidámosle que nos libre de ese enemigo que quiere nublar nuestro cielo con una noche oscura, y que ilumine este cielo con su resplandor de luna, que es el que dio a luz la luz de la salvación al mundo con la luz del evangelio que es el amor y la paz.
Por esto la Virgen nos pide rezar el Rosario todos los días en nuestros hogares y sentarnos con Ella e invitarla a acompañarnos diciéndole: “Ven con nosotros a caminar, ¡Santa María ven!”.