Los nicaragüenses debemos aprovechar la victoria del Niño Dorado en Las Vegas, como tiempo propicio para dejar caídos en la lona y darle la espalda a los antivalores con que se ha querido promover y posicionar a un buen profesional del boxeo como es Ricardo Mayorga.
Especialmente las mujeres nicaragüenses nos alzamos con esa victoria simbólica que, como acertadamente lo apuntaron los periodistas (de LA PRENSA) Amparo Aguilera y Octavio Enríquez, tiene “olor a mujer” y más que verla como la derrota de un campeón, todos —incluyendo a Mayorga— la tenemos que tomar como un punto de reflexión y de giro de 180 grados, para terminar con el irrespeto, la vulgaridad, la discriminación, el maltrato, el acoso y el abuso impune contra la dignidad de la mujer.
Tenemos que ser muy, pero muy cuidadosos con los “ídolos” que promovemos en las diversas esferas: artistas, filósofos, científicos, deportistas, empresarios, profesionales, políticos, religiosos, etc., porque ellos harán la diferencia en la imagen con que se percibe a Nicaragua en el exterior. Recordemos que: “a como te ven, te tratan”. Muchas humillaciones sufridas en las salas de Migración, en la antesala de solicitudes de trabajo, en el otorgamiento de créditos al país, vienen de la mano con la imagen que hemos construido para nuestro país.
Pero lo más preocupante es la herencia para la juventud, es decir, nuestros hijos que queremos tanto, para quienes esos personajes que permitimos entronizarse, se convierten en sus modelos a seguir.
¿Queremos estar orgullosos de nuestra nacionalidad? Entonces promovamos líderes y campeones que lleven con orgullo y dignidad la cara de una Nicaragua conocida por la caballerosidad y virilidad de sus hombres, blandiendo en todo momento el respeto y reconocimiento a la mujer en todos los estratos, “lo cortés no quita lo valiente”.
Las mujeres nicaragüenses no queríamos ver caer a un campeón nacional. Queríamos ver caído en la lona y noqueado al machismo brutal, fanfarrón, cínico e impune, para revindicar los derechos y el respeto a la mujer campesina, la madre soltera, la esposa enamorada, la trabajadora de la zona franca, la mesera del bar, la muchacha violada, la niña explotada, la esposa elegante, la joven de las esquinas, la empleada doméstica, la ejecutiva marginada, y la empleada pública acosada.
Insisto que es propicia la victoria del Niño Dorado el sábado pasado en Las Vegas, para que todos los nicaragüenses recapacitemos y nos levantemos de esa lona de vergüenza del pasado que no representa nuestro nacionalismo ni nuestra idiosincrasia. La victoria de Las Vegas nos fortalece para el tremendo “knock out” que debemos dar para terminar con toda sombra de abuso, machismo e impunidad, en el round de las elecciones el próximo 4 de noviembre y somos las mujeres las que decidiremos la pelea en nuestra propia arena con nuestro voto mayoritario.