Según cifras de expertos extranjeros, cada embarcación que se enrumba al avistaje de ballenas, definido como el tour para verlas nadar, aletear y saltar, deja en Costa Rica ingresos que oscilan entre los 40 y 60 dólares por persona.
En Nicaragua aún no hay previsiones al respecto. No obstante el Gobierno pretende desarrollar la actividad dentro de uno o dos años para atraer a turistas locales y extranjeros con alto poder adquisitivo. Es decir capaces de gastar entre 100 y 200 dólares por día.
La iniciativa parte del Ministerio del Ambiente y los Recursos Naturales (Marena) y de la Cámara Nacional de Turismo (Canatur).
Aunque se le une el Instituto Nicaragüense de Turismo (Intur) que de entrada vislumbra interés en el turista del mercado estadounidense y europeo.
La directora de la Oficina de Comercio y Medio Ambiente del Marena, María Antonieta Rivas, indica que sólo en Costa Rica el avistaje está generando 1.8 millones de dólares al año.
“Mientras tanto en Latinoamérica (Argentina, Brasil, Colombia, México, Ecuador y Costa Rica) y Sudáfrica conocemos que la actividad aporta un 1,000 de dólares anualmente, es decir que es rentable”, comenta.
En la región latinoamericana, de acuerdo a la funcionaria, alrededor de 15 mil personas a diario avistan ballenas. “Y una de las ventajas es que esto permite el desarrollo social, económico, y ambiental de la zonas donde se ejecuta el avistaje”, destaca.
Sin embargo ni el Marena ni el Intur tienen idea de cuántas personas podrían pagar por ver los cetáceos en las aguas locales.
Lo que sí manejan es que más de 700 mil turistas arribaron en el 2005 a Nicaragua, dejando un total de 183 millones de dólares, cifra que en el 2006 prevén aumentarla a 200 millones de dólares.
hay POTENCIAL
“En realidad no podemos adelantar cifras. Primero tenemos que hacer un estudio a nivel local que nos permita cuantificar el número y tipo de especies que hay en las aguas nacionales”, sostiene la viceministra del Marena, Lillyam Osejo.
“Luego vamos a tener que valorar qué tan factible es el mercado, hacer una normativa donde participen todos los actores involucrados como alcaldías, Intur, Marena, pescadores, empresa privada... para evitar el abuso y establecer las reglas del avistaje, tras esto entonces podremos pensar en ponerlo en marcha”, apunta.
Lo anterior podría implicar materializar la idea entre el 2007 y 2008. El experto en ballenas, el argentino, Miguel Iñiguez, ve razonable las fechas.
“Nicaragua tiene potencial para el avistaje, pero debe ser responsable, porque la idea es la de generar una actividad preservando los recursos, y de eso se trata creo yo”, apunta.
El naturalista expone que San Juan del Sur y Corinto son dos zonas donde el avistamiento podría efectuarse con buen suceso.
“Hay una marina incluso que ya está iniciando la actividad (en Chinandega) y en San Juan del Sur también vemos oportunidad porque por allí las ballenas aparecen entre noviembre y abril”, explica.
Pero Iñiguez recomienda acompañar el proceso con tareas de trabajo con la comunidad. “Se trata de educación ambiental para saber cuáles son las especies que más se ven en todo el año, además de la ballena, y asegurar la conservación”, aclara.
o el avistaje o la caza
El tema ha generado controversia en el país porque a mediados del 2005 el Ejecutivo, a través del Ministerio de Fomento, Industria, y Comercio (Mific), decidió apoyar el incremento de la caza de ballenas.
Aunque el director de la Administración Nacional de Pesca y Acuicultura (Adpesca) del Mific, Miguel Marenco, sostiene que lo que han apoyado es la caza para fines científicos en una especie que esta repoblada.
“Nos referimos a la minke que sólo habita en el Océano Glacial Ártico y en el Océano Glacial Antártico con más de un millón de individuos, es decir que allí no entran las ballenas que pasan por Nicaragua como es la jorobada, la cual inclusive no se puede capturar, de manera que no hay contradicción entra el avistaje y la caza”, responde Marenco.
Para Iñiguez, sin embargo, el Gobierno deberá optar por uno de los dos. “Porque esas industrias no son compatibles”, cuestiona.
La vicetitular del Marena expone que en todo caso será la Cancillería de la República la que determine y dé a conocer una posición al respecto.
“Aunque pienso que siempre y cuando haya un uso racional de la especie se puede dar la caza, además el avistaje es un cosa aparte... así es que no hay contradicción”, argumenta.
¿Y LA INVERSIÓN?
El naturalista anota que de cualquier manera en el avistamiento deberá contarse con una reglamentación de por medio.
“Tal como lo expone por lo menos se debería empezar por un código o conducta de ética básico para pasar a tener una reglamentación real, y paralelamente hacer estudios que permitan conocer que áreas de las costas son las que tendrían el potencial”, confiesa.
Rivas dice que la inversión es poca. “Incluso si se unen comunidades es mínima porque para el avistaje se invierte en la embarcación con miras a garantizarle la seguridad a los turistas y eso incluye los equipos: básicamente salvavidas y radio comunicadores”, detalla.
Iñiguez agrega que los pescadores podrían formar cooperativas como ha ocurrido en otras partes del mundo. “Y los mismos barcos que ya tienen para la pesca podrían acondicionarlos para el avistaje”, manifiesta.
De acuerdo al experto con una embarcación de 20 pasajeros la actividad arranca. “Eso sí, acompañada de las debidas coordinaciones entre el gobierno y el sector privado, y de su respectiva reglamentación”, insiste.
Marenco, comenta que están dispuestos a apoyar el avistamiento a nivel local. Sin embargo refiere que son pocas las especies que pasan por el país.
“Además habría que salir entre 30 a 50 millas náuticas para poder apreciar a las ballenas, es decir que en eso habrá que pensar también”, enfatiza.
Iñiguez, en cambio especifica que con cuatro o cinco millas es suficiente en tiempo de reproducción. “Porque ellas tienen a acercarse más a las costas, además si no ven ballenas se ven delfines de manera que el viaje casi nunca se pierde”, subraya.
LA PRENSA intentó conocer las perspectivas de Canatur pero no se localizó a la presidenta, Lucy Valenti. La Ministra de Turismo, María Nelly Rivas, adelanta que con el avistamiento, contemplado como un turismo de contemplación, se jalará a turistas especialmente extranjeros.
“Aunque creo que se deberá promocionar la actividad entre los locales para que los nicas también puedan apreciar los cetáceos y en eso varias tour operadoras podrían dedicarse”, calcula.