Lagartillo es una pintoresca comunidad de Achuapa ubicada a 220 kilómetros de Managua, en el departamento de León. A ella se llega por un tortuoso camino de piedras, cañadas y barrancos insondables. Sin embargo el viaje vale la pena, pues allí casi 300 pobladores esperan con una hospitalidad insospechada.
Aún sin energía eléctrica, en Lagartillo se las han agenciado para crear un grupo de teatro, una casa de cultura y un sistema tan organizado que les permite tener servicios de agua potable con sus propios esfuerzos, paneles solares y una vida tranquila.
En este escenario natural se presentó como parte del Festival Shakespeareano la obra Sueño de una Noche de Verano, pero esta vez la puesta la hizo el grupo de la localidad llamado Capullo.
Ellos llevan 14 años trabajando juntos, y han realizado 20 puestas en escena, participado en nueve festivales nacionales, e incluso han ido de gira a Suiza, Inglaterra y Noruega, pues desde que surgió la comunidad se hacía teatro. Los fundadores murieron cuando la guerra, los actuales actores son casi todos sobrinos de los seis mártires de Lagartillo.
De ahí la experiencia acumulada por sus integrantes, que en el día son rústicos labradores y en la noche cual Cruela de Bill, se transforman en reyes, princesas, hadas o duendes. Además de ser capaces de fabricar 500 ladrillos cada uno para construir su casa de cultura.
La puesta del grupo Capullo aprovecha las posibilidades del escenario natural del lugar. Entre inmensos árboles de quebrachos, eucaliptos y caoba, mecates y puentes colgantes realizan sus desplazamientos, donde convergen los tres mundos esenciales de la obra, el de las hadas, el de las parejas de enamorados y el de los artesanos que pretenden montar una obra de teatro.
COMPARACIÓN NECESARIA
Cuando vemos Sueño de una Noche de Verano, de William Shakespeare, en Lagartillo, aún teníamos frescas las imágenes de la puesta de Els van Poppel, en los campos del Instituto Nicaragüense de Juventud y Deportes (Injude), por ello se hacía necesaria una crítica comparada porque es valioso ver cómo una misma obra puede ser adaptada de formas diferentes, en correspondencia con los afanes de cada grupo.
En el montaje de Els, vimos una puesta más fastuosa y con un humor pícaro y mordaz, ya habíamos hablado del desempeño de Titania en esa escena memorable con el asno. Capullo no explota tanto a la reina sino al animal, cuyos rebuznos alegran a los espectadores.
El duende de Oscar Valladares es más ágil e infantil que el de Eddy Osorio (Grupo Capullo), quien pintado de azul y haciendo sus fechorías trabaja mejor los recursos de la voz, pero le falta la casi incorporeidad de Valladares.
El nivel de actuación es bastante parejo, las muchachas de Lagartillo dominan sus textos y los realizan con mucha naturalidad, aunque con menos gracia que las jóvenes del grupo de Els.
Algunos actores cometen equivocaciones o a veces les falta la entonación, el énfasis para darnos la presencia de un Oberón travieso y enamorado.
Sin embargo, podemos afirmar que estos actores no profesionales hacen con mucha dignidad actoral su labor, y el público de la comunidad que sabe disfrutar del teatro, los estimula con briosos aplausos.
SIEMPRE NATURAL
Al final de la noche, el fotógrafo Uriel Molina y yo fuimos trasladados al lugar donde nos quedaríamos a dormir, atravesamos unos senderos montosos y oscuros, llenos de luciérnagas fosforescentes, guiados por un hombrecillo azul lleno de escarcha. Estábamos viviendo a Shakespeare en el escenario natural de la vida misma.