Por la libertad se hacen muchas cosas: tirar la basura donde a uno le plazca; ocupar aceras y calles para construir o vender; estacionar donde le sea más conveniente; hacer ruido (música) en el vecindario; obstruir los cauces; talar los bosques indebidamente; construir repartos, edificios, casas, remodelaciones, etc contrariando las normas del desarrollo urbanístico; por politiquería, apoyar a determinadas personas, grupos o agrupaciones aún sabiendo que afectan la comunidad, etc.
La forma común de reaccionar es que “puedo hacerlo porque Nicaragua es libre”, “me otorgaron un permiso especial”, “tengo permiso y padrino que me defiende”, etc. Y bajo estas deducciones, el país esta casi totalmente desordenado y sucio, desde las actividades comunes de la vida diaria hasta el comercio, alcanzando la administración del Estado.
Por este motivo cada vez hay menos árboles, más ríos con poca agua o secos, más lagos y lagunas muy sucios y contaminados. La salud ambiental es precaria. Hay menos fauna y flora. Las calles y carreteras están llenas de basura e invadidas por infraestructuras provisionales o permanentes, personas, animales o lo que se le antoje. Las cosas públicas están mal atendidas y mal mantenidas.
Escucho a personas expresar que ser desordenado es parte de la cultura o costumbre, enviando el mensaje que no hay posibilidades de cambiar y mejorar. Escucho de otros decir que hace mucho tiempo Nicaragua era algo ordenado, pero que vino el cuento de que puedo hacer lo que quiero. Vino la cultura política de utilizar estas malas costumbres para politiquear.
Me aseguran que quien construye en cualquier lado, el que tala un bosque, etc. infringiendo la ley, tiene permiso de alguna autoridad apoyándole. El que vende en cualquier lado pertenece a alguna asociación o agrupación que es parte de alguna organización política. Si alguna autoridad desea aplicar el orden, aparece el contrincante político apoyando donde ve oportunidad de presentarse como protector social, aún a costa del orden, la salud, el medio ambiente; aún perjudicando el bien comunitario. De esta manera la autoridad se intimida y deja de hacer su trabajo.
¿Es posible que ante nuestros ojos Nicaragua se destruya y se convierte en desierto? ¿Que ante nuestra paciencia veamos que el orden y las cosas bien hechas son imposibles? ¿Desconocer el límite de aceptar estos comportamientos ciudadanos aduciendo que son necesarios por ser pobres e incultos?
Ante esta realidad y por el futuro de nuestros hijos, tenemos la obligación de entregarles un hábitat mejor, es conveniente reflexionar y decidir. Los países que deciden enfrentar el futuro con progreso, forzosamente deben iniciar con el orden. Los pueblos ordenados, además de favorecer a la comunidad, son aquellos que progresan.
Hay muchos ejemplos en los países de reciente progreso. Tanto China, Taiwán, Irlanda y muchos más que representan un verdadero ejemplo donde han podido superar milenarias costumbres para beneficio de todos. De esta manera ordenan el medio ambiente, la salud, la educación, la migración, la productividad, la basura, el tránsito, las vías públicas, las aceras, las bicicletas, etc. Ordenando los detalles es más fácil dar los siguientes pasos.
Nicaragua no merece dejar al azar el comportamiento desordenado. Los partidos políticos y las organizaciones de la sociedad deben comprometerse a implantar el orden y que nadie decida politiquear ante la resistencia de la población. De esta manera, ciudadanos con actitudes orientadas al progreso podremos mejorar en el futuro.