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Universidad para ciudadanos
María José Zamora
La autora es psicóloga

No culpo al periodista Eduardo Enríquez por criticar la calidad ciudadana del nicaragüense, en su columna Blanco y Negro del 11 de marzo. En ésta hace una clara exposición de una pequeña parte de los abusos, inmoralidades, actos ilícitos y arbitrariedades que día a día se cometen en Nicaragua sin que éstos, aparentemente, provoquen la indignación y el rechazo ciudadano que se esperaría. Sin embargo, no se puede pretender lo contrario cuando las noticias y los hechos demuestran que en Nicaragua ser honesto e ir por el camino derecho vale muy poco o nada. El mismo periodista, evaluando al Poder Ejecutivo, escribe: “Don Enrique Bolaños podría dejar de ir a trabajar hoy mismo y de aquí a enero del 2007 ni cuenta nos daríamos”. Este concepto, equivocado desde mi punto de vista, descalifica el tenaz esfuerzo que ha hecho don Enrique Bolaños por mantener la lucha anticorrupción y los abundantes réditos que este empeño ha traído al país.

Se conoce el alcance que tienen los medios de comunicación para influir positiva o negativamente en la conducta humana. En Nicaragua, por ejemplo, donde la influencia de la radio es muy fuerte, abundan los programas conducidos por personas irresponsables que sin medir las consecuencias negativas de sus mensajes, calumnian, insultan, perjuran y manipulan la información a su conveniencia, engañando sin ningún escrúpulo a los ilusos que aún creen en sus palabras. Este tipo de programa, en lugar de estimular la conciencia cívica, enaltecer los valores morales y la ética, y promover la conducta honesta entre los políticos y ciudadanos, distorsiona los valores a tal punto que a fin de cuentas terminan siendo los más corruptos y criminales los elegidos para conformar las dirigencias de los partidos políticos. Casualmente un ejemplo sobre la distorsión de valores lo escuché recientemente en una estación de radio, que paradójicamente se llama Radio Universidad, en el 102.3, donde el conductor del programa advertía a sus oyentes que si no participaban en las protestas contra la privatización del agua, después no se “quejaran” cuando no se pudieran “pegar” (robar agua).

Supongo que aquellas personas que han logrado, después de muchos esfuerzos y sacrificios, obtener una profesión, un trabajo y un techo digno, comparten conmigo ese sentimiento de frustración, tristeza e impotencia que se experimenta, cuando se lee o escucha una información, sobre magistrados que roban energía eléctrica; sobre tomatierras que sin ningún papel despojan “legalmente” a los dueños de sus propiedades; sobre asesinos y ladrones que reciben amnistías, y narcotraficantes que son puestos en libertad; sobre jurados de conciencia que favorecen a los corruptos y criminales; sobre los robos, dentro de la propia CSJ, del dinero incautado al narcotráfico; sobre las actuaciones serviles e inmorales que caracterizan a las bancadas mayoritarias de la Asamblea Nacional; en fin, sobre cómo los políticos corruptos en Nicaragua han institucionalizado para su beneficio la impunidad, dejando a la ciudadanía honrada y trabajadora en una total indefensión.

Considero que los medios de comunicación independientes deberían, en este año electoral, contribuir a la educación cívica y política de la ciudadanía, denunciando con vehemencia todas las aristas de la corrupción y las implicaciones nefastas para el desarrollo económico y social del país que ha tenido y tiene el pacto Alemán-Ortega.

Lamento que mientras estos medios se cuidan de no resaltar los méritos de la administración del presidente Enrique Bolaños, supongo que para evitar ser tildados de oficialistas, por otro lado los corruptos abarrotan los programas de radio y televisión convenciendo a las grandes mayorías de que ellos son la mejor opción. Quizás a esta situación aludía don Enrique Bolaños cuando en su discurso en ocasión del ochenta aniversario de LA PRENSA y refiriéndose a la tarea de este Diario dijo: “Su función social consiste en presentar la Nicaragua tal como es, pero también consiste en presentar y orientar la formación de la Nicaragua que anhelamos: presentar pues, también el vaso medio lleno”.

Opino que don Enrique Bolaños ha gobernado para bien de Nicaragua, como es lo correcto, y no para beneficio personal o de un partido; ha sido como un dique conteniendo el impetuoso avance de la corrupción para que ésta no termine con lo poco que nos queda. No obstante reconozco que carece de la habilidad de Arnoldo Alemán y de Daniel Ortega, de construir su liderazgo a costa de mentir y traicionar a sus electores y de comprar, con dinero del erario, voluntades y conciencias de políticos y ciudadanos.

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