MIéRCOLES 1 DE MARZO DEL 2006 / EDICION No. 24098 / ACTUALIZADA 01:00 am





EL HUMOR DE






Silencio... ¡por favor!

Foto  
. Ir al cine supone una sala a oscuras, en silencio, deleitándonos con la película por la que pagamos, pero... ¿es eso lo que en realidad obtenemos? A veces sí, a veces no

 

Xochilt Jihave Jiménez
revista@laprensa.com.ni

Hacía unos 15 minutos que las luces de la sala se habían apagado. En la pantalla gigante comenzaron a proyectarse las escenas de las películas que están por estrenarse en el país. Después, lo esperado. Inició la película del día, esa que todos los presentes llegaron a disfrutar. Era una película de acción y suspenso.

El silencio se apodera del ambiente... comienza el ritmo de la música de fondo de la película... el espectador trata de no perderse ni el más mínimo detalle... cuando de pronto ring... ring... un celular irrumpe en el ambiente y no tardan en escucharse los shhhhh, shhhhhh, ¡silencio, por favor!

De entre las filas de butacas alguien sale hablando pidiendo a su interlocutor que no le corte, que lo espere un momentito porque “estoy en el cine”. Los presentes no dejan de verlo hasta que desaparece al atravesar la puerta. ¡Qué alivio!

No habían transcurrido ni cinco minutos cuando un joven que estaba con un grupo, tres o cuatro filas de asientos más abajo de donde se levantó el del celular, comienza a contar la historia de la película porque ya la vio por DVD. ¡Y lo peor es que lo hace a gritos!

Luego una pareja empieza a hacer su pedido de palomitas, gaseosa vaso grande y hasta chicles. El que está sentado atrás comienza a dar empujones en el respaldar de mi asiento... en fin, ese sitio parece cualquier cosa menos una sala de cine.



MI ESPACIO

Cuánto molesta la impotencia de no poder sacar de la sala a las personas que se comportan de esa forma. Quizá olvidaron que están en una sala de cine, no en la sala de su casa.

Para Juan Carlos Ampié, experto en cine, los más interesados porque se respeten los buenos modales en el cine deberían de ser los dueños de éstos. “Hace unos 20 años ir al cine era toda una ceremonia, ni en las películas para niños se permitían a menores de cinco años”, evocó Ampié.

Sin embargo, la idea de ir al cine para disfrutar de una película se ha devaluado a tal punto que muchas veces los espectadores optan por alquilar el vídeo.

Ampié recomienda pedir con cortesía a las personas que hagan silencio y que si en verdad no les interesa la película, lo mejor es que no asistan, para no arruinar la experiencia de los demás.

Respeto por el otro y solidaridad a la hora de pedirle a alguien que respete las mínimas normas de convivencia, harán de nuestra visita al cine una experiencia digna de recordar.

También urge que la administración de las salas de cine ponga en práctica algunas medidas para evitar que escenas como éstas se produzcan a diario.



CASO OMISO

Antes que comience la película aparecen algunas recomendaciones en pantalla, como apagar el celular, guardar silencio, entre otras. Pero aun así, los espectadores mantienen sus malos hábitos.
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