Esa misma belleza paisajística y la abundancia de aguas, sin duda fue la que cautivó a sus primitivos habitantes. La pequeña villa indígena de Managua, encontrada por los españoles durante la conquista, surge en 1819 con el nombre de Leal Villa de Santiago de Managua.
Fue elevada a ciudad en 1846 y salomónicamente declarada capital de la República en 1852, para dirimir el viejo conflicto entre las urbes coloniales de León (occidente) y Granada (oriente) que rivalizaban por ejercer la hegemonía política de Nicaragua.
Entre 1852 y 1930 Managua vive un acelerado crecimiento urbano, centralizando el aparato estatal, la infraestructura y los principales servicios.
La mañana del 31 de marzo de 1931, la ciudad fue estremecida por un terremoto que la dejó en ruinas. Sin embargo, cuatro décadas más tarde, Managua era una ciudad compacta y moderna que se situaba entre las mejores capitales centroamericana.
Pero la orgullosa "Novia del Xolotlán" vio truncada su prosperidad, la madrugada del 23 de diciembre de 1972, cuando otro sismo la devastó nuevamente, provocando miles de muertos y la desarticulación de sus actividades, así como la dispersión de la población hacia la periferia y otras ciudades del país.
La ciudad, con su característica cuadricula española y su nomenclatura, nunca recuperó su brío.
Producto de los acontecimientos naturales y políticos que sucedieron a través de su historia, Managua experimentó una transformación significativa en su estructura original.
Sin embargo, en las últimas dos décadas la ciudad se ha desarrollado progresivamente, modernizando su infraestructura y ampliando sus servicios.
Fuentes: Inifom, Intur, Archivos varios