A los casi 99 años de edad, la Lola es un personaje inolvidable, —digo que “es”, aunque ella partió de este mundo el 15 de junio del 2006— porque su presencia está entre nosotros con su rostro afable, siempre sonriente, sonrisa que hace brillar su mirar de cielo y marcar dos camanances en sus mejillas. Siempre alegre, encontrándole el mejor sentido a la vida , aún en los momentos más difíciles, siempre dispuesta a vivir con la firme esperanza que da la fe.
Admirable por su anecdótica memoria de la que fluían recuerdos de su infancia y de su juventud; recordando a sus compañeras de clases y a su amiga María Romero, —hoy nuestra Beata—. Ella también relataba con añoranza acerca de los dos equipos de baloncesto, el Azul y el Blanco, que mi madre Margarita Cardenal y ella organizaron en Granada, juntando a todas las muchachas de esta ciudad en esa época. Hacía memorias del matrimonio de mi papá y de mi mamá en el que ella desfiló de dama de honor, vestida con su traje lila y sombrero de paja, que todas llevaban, pero cada una con el traje de diferente color. En la despedida de soltera de su amiga y compañera del equipo de baloncesto, me contaba que recitó una parodia de “Margarita” compuesta por su hermano José Coronel Urtecho que decía: “Margarita/ te vas a casar / con un joven alto, delgado e inteligente / Margarita / tienes la dicha en tus manos / no la dejes pasar... “ Y, hasta ahí llega mi memoria porque quedé de llegar a visitarla para grabar todo el verso que era largo y tendido y que ella recitó entero, sin titubear, me lo recitó cuando estábamos en la celebración del matrimonio de su nieto Edwin Mendieta Ch. Me relataba emocionada del enamoramiento del que fue su esposo Julio Chamorro Benard, quien fue a buscarla hasta California prendado de amor por ella y se quedó ahí, hasta que le dio el “Sí”.
Recordábamos con frecuencia de la aventura intrépida en esos tiempos, de los viajes a San Juan del Sur donde nos encontrábamos su familia y la mía, de verano en verano; yo desde niña, ella con la prole... la que verano a verano se aumentaba, llegando casi siempre con dos tiernos y uno en la panza.
El viaje era en tren, con varios trasbordos: de Managua a Granada, ahí se tomaba el vapor Victoria para atravesar el Gran Lago Cocibolca, arribando al puerto de San Jorge donde se tomaba el tren cuyo destino final era San Juan del Sur. Para hacer todo este trayecto se tenía que dormir en Granada y se llegaba en la noche del día siguiente, se manifestaba la carga en Managua la que era grande y variada : 2 cunas, 4 tijeras de lona, 8 catres, hamacas, mesas, sillas, cajones para el hielo, trastos de cocina, pailas, peroles para el gallopinto, javas con pollos vivos, lámparas tubulares, latas con kerosene, sartenes para los maduros, tarantines llenos de café, azúcar, pinolillo..., en fin todo lo que se necesita en una larga estadía de dos meses hasta con invitados de los hijos y de amigas de ella. Luego cuando hicieron la trocha del camino de la Virgen a San Juan del Sur todo este cargamento llegó a su destino en el primer camión que entró al puerto.
Doña Blanca Urtecho, la madre de la Lola, era muy hábil y tenía el arte de confeccionar toda clase de modas. En una ocasión, les hizo el disfraz de enanitos a los siete primeros nietos varones y a la primera nieta de la familia Chamorro Coronel que se llama Blanca, la disfrazó de Blancanieves, haciendo alusión a ese cuento infantil, por supuesto que esta comparsa ganó el primer premio, ya que no hubo competencia alguna. Doña Blanca también me confeccionó mi traje de novia y me decía al mismo tiempo que prensaba algún alfiler, ajustando el tallado del vestido : “Todo tiene que estar de acuerdo con el poema de una novia...”
A la Lola nunca la vi renegar, ni regañar a sus hijos, todos ellos fueron educados con el amor, de esto fui testigo, mientras fui su vecina de la calle del Triunfo. Es por eso que guardo el mejor de los recuerdos de la Lola, que a pesar de nuestra diferencia de edad y de sus muchos y largos años, siempre fue joven y actual, lucía un rostro que daba confianza, comprensión, entusiasmo y alegría al ver a quien llegaba a saludarle con un gesto de cariño. Rodeada de sus once hijos es como una imagen bíblica de una madre santa y abnegada, como esposa ejemplar, como amiga servicial y como compañera muy agradable. Así era ella ...
Madre Teresa de Calcuta dice : “En cada uno de los pobres y necesitados, debemos ver el rostro de Cristo”. Pero yo creo que también estos enfermos y necesitados deben ver en nuestros rostros la imagen de un Cristo lleno de servicio, de Paz y de Amor como el de la Lola, el que ahora se ilumina con el reflejo de la luz celeste que es la luz del rostro del Amor eterno.