Adiós a los carritos. Al beisbol. O lo que crea la gente que es con lo que se divierten los niños. Osmani Lanuza Pérez es “el Melli” en la cancha, el niño que es capaz de hacer muchas piruetas con la bola.
—Melli pará, pará, seguí recto—, grita el argentino Víctor Hugo Sánchez, un jugador del Real Estelí, a quien los niños llaman VHS por sus iniciales, pero que en términos menos infantiles es el entrenador de más de 80 chavalos que están aprendiendo el abecedario del juego en aquella ciudad.
Cuando dice “Melli”, lo que Sánchez quiere decir es mellizo, porque Osmani tiene un hermano gemelo que también juega en la escuela de talentos VHS instalada en Estelí, y los argentinos terminan siempre recortando los nombres para ser más afectivos.
El “Melli” escucha con disciplina los consejos de cómo manejar el balón, cómo pasarlo entre las piernas al rival, cómo hacer un sombrerito y la mente del niño se eleva a los estadios de Alemania, emocionada con el Mundial.
El infante se sueña como Ronaldo y Ronaldinho metiendo goles, superando a defensas testarudos. “La emoción de un gol es bárbara, me siento como Ronaldinho, yo te puse el pase, todo mundo te llega a felicitar. Yo juego al futbol más que todo lo que hago en la vida”. Y “el Melli” lo dice con esa ilusión de los niños, exaltada por el cuento de hadas en que se ha convertido el futbol para muchos jugadores. Sobre todo en Brasil.
Ronaldinho antes de ser Ronaldinho, y exhibir esa sonrisa de gol, fue pobre y vivía en una favela brasilera, donde zamba y futbol iban de la mano hasta que tras una oportunidad se volvió millonario y un jugador cotizado a nivel mundial.
Es lógico pensar que en Nicaragua, igual de pobre en ciertos departamentos, haya niños que se sueñen como sus ídolos, con balones y dinero. Pero los padres son más realistas. Uno dijo que apoyará a su hijo hasta donde él quiera llegar, pero que estaba igual de interesado en que el niño estudiara y fuera un profesional.
Otra escuela en Estelí
En el departamento de Estelí, 150 kilómetros al norte de Managua, son cerca de 150 niños los que se entrenan entre la escuela de Sánchez y la de Holweger, ex jugador del Club de Boca Juniors y del Real Estelí, quien tuvo en su carrera la dicha de conocer en persona al Diego, a Diego Armando Maradona, y ahora le enseña a los chavalos a tocar bien el balón y “a ser buenas personas”.
Sánchez y Holweger creen que existe un gran potencial en la niñez esteliana, y esperan que en diez años haya resultados. “Aquí en Estelí hay buena tela para cortar, pero creo que algo importante es la disciplina y debemos hacer énfasis en eso”, dice Holweger.
Y la buena tela, de la que habla este argentino, se ha formado disfrutando de los partidos en la televisión, y siguiendo a un grupo de fanáticos que duermen, sueñan y ríen con el futbol.
Según Orlando Báez, padre de familia de un alumno de Víctor Hugo Sánchez, la preferencia por el futbol depende de la zona del norte donde se juegue, pero en Estelí no hay discusión. El futbol es el deporte que saca lágrimas, sean éstas de alegría o la más deprimente derrota, o funestas como las veces que han sido derrotados como queriendo decir que en la tierra como en el cielo el futbol es primero.