Infierno y paraíso
En estos días participé en un foro sobre seguridad ciudadana que promovió la Secretaría General Iberoamericana (Segib), en Madrid, España. En resumen, Guatemala, El Salvador y Honduras, pintaron un panorama terrible sobre la violencia de las maras o pandillas en sus países. El ministro de Gobernación de Guatemala, dijo, por ejemplo, que él vio personalmente cómo un menor de edad le sacaba los ojos a otro individuo en un penal guatemalteco. Un funcionario policial de Honduras mostraba fotos de las matanzas y no se cansaba de repetirles a los españoles: “Ya los tienen aquí, sabemos que hay miembros de la mara Salvatrucha entre ustedes...”
Película de terror
Fue una película de terror la que vimos y, por supuesto, con esto se espera que Europa comience a interesarse por invertir en su propia seguridad apoyando los planes de seguridad de países latinoamericanos que buscan este continente como nuevo destino migratorio. No es casualidad que en los últimos seis años, en España haya aumentado la población carcelaria en un 30 por ciento. Y un dato que me dejó pasmado: España gasta de su presupuesto unos 13 mil euros al año por reo, o sea, ¡16 mil dólares! Es lógico entonces que prefieran gastar su dinero ahí donde comienza el problema: en los países latinoamericanos.
País de las maravillas
Si Guatemala, El Salvador y Honduras llevaron una película de terror, Nicaragua presentó la versión renovada de Alicia en el País de las Maravillas. El país que presentó el comisionado Hamyn Gurdián no es definitivamente el mismo en que yo vivo. Y no es que haya dicho mentiras.
Es cierto que no hay maras. Es cierto que Nicaragua es mucho más seguro que nuestros vecinos del norte. Pero decir que en Nicaragua sólo se producen 13 homicidios al año por violencia juvenil es un dato que hace pensar a los extranjeros que se puede pasear por el Dimitrov como por la Rambla de Barcelona. Y dicen por ahí que una verdad a medias es peor que una mentira.
In crecesdo
En la otra acera, desde Nicaragua, el comisionado Francisco Javier Bautista Lara está llamando la atención sobre el incremento que registra el homicidio. Pasamos de una tasa de nueve homicidios al año por cada cien mil habitantes en el 2000 a una tasa de 13 en el 2005, y, según sus cálculos, llegará a 14 este año. Es cierto que es poco con respecto a países más violetos que registran tasas de 30, 50 u 80 homicidios, pero va creciendo, y eso debería de preocuparnos.
Confianza
Creo que al igual que con los datos del censo, los policías nicaragüenses a menudo enfrentan un dilema: o pintan una Nicaragua idílica en términos de seguridad, y en pleno desarrollo, para conseguir inversión y más turismo, o pintan una Nicaragua fea y miserable, necesitada de la caridad extrema para sobrevivir. Ni lo uno ni lo otro. Tanto el censo como las estadísticas policiales deberían servirnos para saber cómo estamos y, de esta forma sean una brújula para conocer a dónde queremos ir. Si nuestra renta per cápita es ahora superior a mil dólares ¡qué bien! Si somos más seguros que Suiza, ¡extraordinario!, pero no nos mientan, por favor.