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Los políticos juguetean con los bosques
Franklin Bordas Lowery
El autor es consultor forestal y coordinador del sector privado forestal

“Los bosques son también política”, dice Hemantha Withanage miembro de Environmental Foundation de Sri Lanka, en su artículo sobre la política en los bosques. De acuerdo con este postulado, podemos agregar que Nicaragua hoy por hoy está enfrentando un panorama forestal muy politizado. No es de extrañarse, que con la crisis generada en el sector, las empresas estén considerando cierres y cambios de actividad que impactarían de forma negativa, en primer lugar al famoso Prorural que tanto se ha publicitado, y que podría venirse al traste.

Los industriales de la madera han estado en el ojo del huracán por más de dos años. Una especie de guerra contra el sector se ha venido sintiendo, y los madereros creen tener enemigos ocultos y gratuitos, que les están causando daños casi irreversibles en sus negocios. Nicaragua no es un país de forestería ilegal, “un paraíso de la ilegalidad” dicen algunos, pero no es cierto, la legalidad es parte de la conciencia del empresario forestal. Los bosques constituyen la materia prima de la industria forestal, por lo que no parece razonable, que éstos se empecinen en desaparecer los bosques.

La opinión general de los empresarios, que han resistido con estoicismo y valentía esa desafortunada avalancha de montajes y diatribas, es que tras ese fino cortinaje de mentiras y medias verdades, se mueven intereses e inversiones políticas, cuyas campañas se presentan como verdaderas cruzadas ambientales y forestales, que blandiendo la bandera de defensores de los bosques y perseguidores de la mafia, preparan su escaño en el nuevo parlamento del 2007.

El escándalo de la ilegalidad forestal ha estallado frente a las narices de los funcionarios. Los medios de comunicación hablan de un exagerado hallazgo de madera ilegal (desde 250.0 mil m3, hasta 1.0 millón), y el Inafor como actor fundamental en los asuntos del bosque, toma la opción de denunciar de forma surrealista su propia ineptitud, pues resulta obvio, que no está ejerciendo los mecanismos de regulación y control que le asigna la Ley 462.

Por otra parte ¿quiénes son estos multimillonarios que deciden invertir su dinero en madera para luego dejarla tumbada como carnada, para que la descubran las autoridades, la decomisen y perder la inversión? Los madereros dudan de la veracidad de esa información.

Los madereros legales saben que también hay ladrones de madera, como ladrones de bancos, de plátanos, tomates y de carteras. En lo que no están de acuerdo es, en la manipulación de datos, haciendo creer a la ciudadanía que la industria forestal va a convertir en desierto el país. Eso no es cierto, ya que los industriales están cansados de explicar lo que es su consumo, que ni siquiera alcanza el 3 por ciento de la tala anual, y eso lo saben tanto el Inafor como el Magfor.

¿Hay intereses que quieren arruinar al sector forestal? o ¿hay quienes encontraron en los bosques una nueva forma de hacer política? Habría que preguntarse si el Gobierno ha analizado las consecuencias de la presión a la que está sometiendo a la industria maderera. Habrán calculado qué pasaría si los propietarios de bosques e industriales de la madera cambiaran de actividad y se dedicaran a la agricultura y ganadería. Seguro que ya la cifra de avance de la frontera agrícola de hoy que tanto impacta, desaparecería, pues ya no habría fronteras.

Se necesita detener el avance de esta nebulosa desinformativa. —Nicaragua no va a ser jamás el desierto del Sahara— afirman los industriales de la madera, ya que los mejores custodios del bosque son los que viven de él. La Nación es la que pierde con este maremoto forestal. Por eso el clamor general en el sector es, que los políticos dejen de juguetear con los bosques en esta campaña electoral, y el Inafor sea más técnico y eficiente.

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