Los movimientos populistas en América Latina comparten elementos que permiten identificarlos. Todos ellos se distinguen por: a) propiciar programas sociales amplios, más allá de su capacidad de financiarlos. Lo que persiguen es articular una red de concentración de poder político y económico a niveles sociales medio e inferior. Organizan así, un aparato que tiene como centro una oratoria cautivante para masas sin educación. Son efímeras en el mando porque terminan ahogadas en una inflación indetenible o recurren a la dictadura para sostenerse; b) otro elemento, es un nacionalismo nutrido por un obsesivo antinorteamericanismo; c) desarrollan además un mesianismo que les lleva a exportar sus planteamientos populistas, para formar un bloque contra el “imperialismo yanky” d) sus fundadores son caudillos nacionalistas con un carisma seductor .
De ese amplio grupo de extremos se destacan el “aprismo”, “justicialismo” y ahora el “bolivarismo”. El primero, fundado por Víctor Raul Haya de la Torre (1895-l979) , ha contando como aglutinante al indigenismo y la imagen del joven Pachacutec enfrentado al “coloso del norte”. No obstante, Haya de la Torre nunca alcanzó la Presidencia por veto del ejército. Levantada esa exclusión después de su muerte, la segunda generación aprista alcanzó el poder con Alan García con un programa socialdemócrata moderado. Sin embargo, fue expulsado por corrupto (1980). Amnistiado, regresa a la residencia como un mal menor frente a Ollanta Humala. Su discurso es ahora moderado.
El segundo movimiento populista fue el “justicialismo”, del general argentino Juan Domingo Perón (1895-1974) Si bien arrancó como líder de las fuerzas armadas, se consolidó popularmente su generoso programa social , ayudado por su esposa Evita y sobre todo por su antinorteamericanismo (Braden o Perón). En 1945 el Estado argentino estaba repleto de dólares por venta de carne y trigo a Gran Bretaña. Perón estatizó las inversiones inglesas y norteamericanas, pagándolas al contado, con ello perdió la oportunidad de modernizar la industria argentina. En todo caso, su política inflacionaria, corrupción y ausencia de Evita, debilitó su liderato y el ejército terminó deponiéndolo. Sin embargo, el descrédito de las juntas militares posterior es y los horrores de la “guerra sucia” lo llevó nuevamente al poder, aunque esta vez con planteamientos ponderados, fallece a los 79 años.
El último ejemplo es el “bolivarismo” de Hugo Chávez, parecido al peronismo en que lo rescata el ejército, después de un fallido golpe de Estado que contó con la simpatía de Washington. Desde entonces, Chávez, como en el caso de Perón frente a Braden, asume una oratoria anti-EE.UU. Asimismo se aprovecha de recursos extraordinarios (petrodólares) para financiar su influencia en Centro América y el Caribe y su extenso programa social, con el señuelo de una “democracia participativa” admiradora de Castro. Si bien llega y se mantiene en el poder por el voto popular, desarrolla una política autoritaria aprovechándose de la debilidad de una oposición desunida e ineficaz .
¿Qué enseñanzas podemos sacar de estos episodios de gobiernos populistas, el último de incierto final? En realidad aparecen como resultado de una crónica frustración latinoamericana atrapada en una inestabilidad crónica, producto de una contradicción flagrante, por una parte, la gran demanda social, coexistiendo con el derecho democrático de salir a las calles demandando salarios que gobiernos pobres, no pueden proporcionar. Por otro lado, esos países asumen equivocadamente que la comunidad mundial está obligada a enjugar su penuria, sin reconocer la poca importancia estratégica que significan a una potencia unilateral sin presiones de la guerra fría. Últimamente, sin embargo el acto terrorista del 11 de septiembre del 2001 y la articulación de gobiernos antinorteamericanos en el subcontinente parece despertarlos. Contradictoriamente esos países en dificultades que demandan ayuda exigen autonomía absoluta, sufriendo de inflación, corrupción e irrespeto a los derechos humanos, como si en política hubiera regalos, sin aceptar reglas de orden económico y político
Por otra parte, el deterioro de las condiciones de vida vuelve atractivos los programas corto-placistas, vendidos por líderes carismáticos. Por lo demás, las instituciones internacionales de crédito han condicionando su apoyo al mantenimiento de índices macroeconómicos. Enfoque desafortunado que hace poco cambió el Banco Mundial, aceptando que debe atacarse simultánea y coordinadamente el desarrollo económico con la lucha contra la pobreza.
La verdad es que países como Chile y Costa Rica, entre otros, que poseen instituciones sólidas, son transparentes y respetan los derechos humanos y disponen de gobiernos eficientes, no tienen problemas con ningún país por poderoso que sea.