Managua
07:18 pm
20.06.06
Regístrese gratis aquí  |  Administre su perfil de usuario  |   
Portada
Última Hora
Política
Nacionales
Economía
Campo & Agro
Regionales
Editorial
Deportes
Sucesos
Internacionales
Opinión
Revista
Vida Social
Cartas al Director
Caricaturas
Agenda de Eventos
Eventos Empresariales
Tecnología
Religión y Fe
Mosaico
Entrevista
Enfoque
Hablemos del Idioma
Noticias >> Editorial
Por sus frutos los conoceréis

Esta semana un magistrado sandinista de la Corte Suprema de Justicia fue entrevistado en televisión acerca de su opinión del líder del FSLN, Daniel Ortega Saavedra, como candidato presidencial.

Dicho magistrado dijo —entre otras cosas— que Daniel Ortega no tuvo nada que ver con la desastrosa política económica que arruinó al país durante la revolución sandinista, sino que fueron algunos de sus ex funcionarios que ahora están en la oposición los que la implementaron. Pero al mismo tiempo reconoció que el sandinismo cometió errores y que uno de ellos había sido la confusión del partido y el Estado. Lo que el magistrado de marras no parece entender, sin embargo, es que confundir el partido y el Estado implica gobernar el país como si fuera propiedad del partido; es dictar e irrespetar las leyes y procedimientos, imponer la voluntad de un sector social, no responder legalmente de los propios actos, etc. etc. Entonces, ¿tuvo o no Daniel Ortega que ver con la política económica impulsada durante su régimen? ¿Cuánta autonomía tenían sus ministros? La verdad es que en un sistema político dictatorial como el establecido por los sandinistas en los años ochenta, nada se hacía sin el visto bueno del dictador. Por lo tanto, decir que Ortega no tuvo nada que ver con la política económica de su gobierno es una ofensa a la inteligencia de los nicaragüenses.

El comandante Ortega no sólo tuvo que ver con la política de economía centralizada, confiscatoria y retrógrada de los ochenta, sino que fue el responsable del servicio militar obligatorio, de la fuga de capital y de cerebros, de las masacres de miskitos en la Costa Atlántica, de la agresión verbal y física a la Iglesia católica y al Papa Juan Pablo II durante su visita a Nicaragua, de la censura a los medios de comunicación, de “La Piñata” y de la deuda interna que ésta generó y que ahora estamos pagando con nuestros impuestos, de los ataques de las “turbas divinas”, en fin, de todos los desmanes del sandinismo.

Por otro lado, el referido magistrado decía que en su opinión el comandante Ortega ha cambiado, que es un hombre convertido y que ha dado muestras de ser un estadista de vocación. Para fundamentar sus afirmaciones citó palabras del cardenal Miguel Obando y Bravo, quien dijera que “hasta el rey David cometió adulterio y asesinato pero se arrepintió y llegó a ser el santo David”. Desde luego que la conversión espiritual es posible, pero ¿hay evidencia de que el caudillo del FSLN, Daniel Ortega Saavedra, viva hoy conforme a los mandatos y enseñanzas cristianas? ¿Acaso le ha pedido perdón a los miskitos, a los familiares de los muertos durante su régimen dictatorial, a las personas que fueron perseguidas e injustamente encarceladas, a los padres y demás familiares de Jean Paul Genie? ¿Es que ha devuelto lo que no era suyo cuando entró a Nicaragua el 19 de julio de 1979?

Hablar de conversión en este sentido es hablar de arrepentimiento y el arrepentimiento implica restitución. Si la conversión del señor Ortega Saavedra es, además, política, ¿significa que ha renunciado a la idea de una dictadura del proletariado dirigida por el partido que él representa y que ha optado por la democracia liberal y participativa? Si llegara a ser de nuevo Presidente de la República, ¿permitiría que los otros poderes del Estado actuaran con independencia y, a veces, en contra de sus intereses partidarios? ¿Mantendría un Ejército y una Policía profesionales? ¿Habría una Seguridad del Estado que persiga a los disidentes? ¿Permitirá que los nicaragüenses expresemos —como hoy— sin miedo nuestro pensamiento? ¿Volvería a censurar LA PRENSA y otros medios independientes de comunicación?

Hasta la fecha sólo se ha oído lo que algunos sandinistas y sus aliados piensan de la conversión de Daniel Ortega, religiosa y política. Pero de su propia boca no se ha escuchado una sola palabra al respecto. Hemos sido testigos sí de su alianza estratégica con el reo Arnoldo Alemán y con el dictador militar venezolano Hugo Chávez y hemos oído los mismos discursos agresivos, antinorteamericanos y anticapitalistas de hace veinticinco años. ¿En cuál Daniel Ortega debemos creer? ¿En aquel del que hablan sus correligionarios y aliados o en el que revelan sus propios actos y palabras?

Noticias Servicios Suplementos Especiales Publicidad Enlaces
Mapa del Sitio Nicas en el Exterior Contactos Ayuda
©LA PRENSA 2009 Aviso legal Política de privacidad Consultas y Sugerencias
Manual de Estilo de LA PRENSA
Fotorreportajes
Sucesos del 2006: Nicaragua
Búsqueda